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Cada mañana tengo que desplazarme al trabajo, paso por el redondel de la avenida Simón Bolívar que desvía la ruta hacia la Pana Norte y a El Inca.

En dicho redondel ocurre una situación muy particular. Hay días en los que el tráfico fluye bastante bien y otros en que a la altura de la entrada a Nayón ya se encuentran automóviles detenidos esperando que el flujo vehicular continúe.

La velocidad con la que el tráfico se mueve tiene que ver con la presencia, o no, de agentes de tránsito que determinan cuanto tiempo deben esperar los vehículos para cruzar el redondel. El resultado, cuando los agentes de tránsito actúan, es que el tiempo de traslado toma entre un 15 a 20% más que cuando no están.

¿Por qué ocurre esto? En realidad, la intervención de los agentes de tránsito modifica las decisiones que toma cada auto, que actúa con base en un marco de acción preestablecido, esto es, dar el paso a los que están dentro del redondel.

Estos agentes de tránsito también existen en la economía. Se representan en las sobretasas arancelarias, en precios mínimos, en impuestos a los productos llamados de consumo especial, en impuesto a la salida de divisas, en la determinación dirigida de los sectores que deben recibir crédito de la banca, en la sobreparticipación del Estado en el mercado hipotecario, en la determinación de a qué colegios deben ir los estudiantes, entre muchos otros.

Los agentes de tránsito entienden su trabajo y lo hacen con buena fe. Pretenden mejorar el resultado del tráfico en el redondel pero el resultado obtenido es contrario a su objetivo.
Las definiciones económicas mencionadas tienen también un elemento de buena fe. Desean mejorar la gestión de los agentes económicos y de la economía en general, coincidencialmente tampoco logran el objetivo planteado.

Cuando las reglas de operación se alteran por elementos que pretenden dirigir el comportamiento de los ciudadanos provocan distorsiones que llevan a resultados no eficientes.

Los agentes económicos, así como los conductores de vehículos, deben determinar por sí mismos el flujo con base en un marco de reglas que se debe respetar y cumplir. Estas reglas deben garantizar que se maximice el resultado, sea este, el tiempo de traslado de un lugar a otro o el nivel de la economía en un periodo de tiempo determinado.

Los ‘agentes de tránsito’ en la economía han distorsionado el objetivo de tener un país productivo, un país en el cual el sector privado mueva la mayor parte de la economía y donde se actué de acuerdo a las leyes naturales del consumo, la inversión y la producción.

La intervención en la economía no ayuda a generar procesos ágiles, siempre termina asignando de manera poco eficiente los recursos con un resultado menor al que la libertad de acción provoca, esto ha sido demostrado en distintos países, varios de ellos vecinos nuestros y con situaciones políticas distintas al nuestro.

Columnista invitado