África, tierra de oportunidades

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Gustavo Grobocopatel
La Nación, Argentina, GDA

Son dos imágenes que no puedo olvidar. La primera es la de miles de personas caminando por los bordes de las rutas, la mayoría niños o jóvenes -hay pocos viejos en África-, que avanzan erguidos, a veces cargando las mochilas de la escuela, leña o alimentos. Me pregunté mil veces hacia dónde van, de dónde vienen. Quizá sea esta la metáfora del África subsahariana.

En las visitas que hice a varios empresarios, gente de ONG, comunidades, vi un profundo escepticismo. Son conscientes de que han perdido el tren, la información de afuera les llega más fácil ahora y con ella, la sensación de cuán lejos están.

Reconocen que ha habido avances, pero sienten que son avances lentos. La burocracia, la corrupción, el pesimismo, hacen todo más pesado. Uganda, por ejemplo, tiene millones de hectáreas aptas para el cultivo y agua abundante, gran potencial, pero, ¿cómo torcer ese destino de pobreza?

La otra imagen es la de decenas de ONG, fondos de empresas privadas y organismos multilaterales que trabajan para ayudar a sostener estas comunidades. Han colocado mucho dinero, construido escuelas y hospitales, son múltiples los programas, pero no han logrado transformar la realidad.

Una sociedad que no sabe de dónde viene y adónde va, organizaciones que ayudan sin saber dónde y cómo, gobiernos preocupados por cómo sostenerse en el poder, son una combinación que consolida la pobreza y la falta de oportunidades.

Me sumergí en las culturas locales. Pregunté a la gente sobre sus deseos. Piden un arado tracción a sangre, discuten sobre si el tractor es necesario o no. Es el debate del momento. Los más emprendedores quieren arado; los más viejos, la tracción a sangre. “Conocemos más a los animales que a las máquinas”, me dicen. Conversamos sobre el conocimiento y la tecnología, y les hablo de una tensión entre conservar la cultura, la experiencia, las tradiciones, y lo nuevo, la tecnología, la necesidad de cambiar. Estas tensiones se resuelven manteniendo las dos fuerzas activas. Cada comunidad decide de qué manera y cómo.

Hasta ahora solo tuvieron soporte tecnológico y económico, y un mercado más fluido para sus productos, nada más y nada menos. Necesitan reflexionar más sobre cómo transformarse sin cambiar su esencia, su cultura.

¿África está lejos o cerca de alcanzar el desarrollo? Es una pregunta sin respuesta aún. Si uno lee lo textual, si uno mira la foto, si al conversar con la gente se deja llevar por su escepticismo y ve la burocracia y la falta de formación de élites, de competencias en las personas, la magra calidad del Estado y la debilidad institucional, África está lejos. Pero si uno ve el potencial de sus recursos naturales, la creciente población joven, la brecha que hay y lo mucho que se mejora con poco, África está cerca. ¿Quiénes tomarán la iniciativa? Si lo dejan en manos de las fuerzas de afuera, sin el compromiso cultural, correrán el peligro de un nuevo período de colonización, más moderno.