Milton Luna

Acuérdate del abuelo

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16 de February de 2013 00:00

Una y otra vez Miguel contó esa experiencia de su vida. Era una de sus preferidas. Le escuché muchas veces cuando niño, también de adolescente y adulto; antes de su muerte la repetía con fervor a sus nietos ya jóvenes… relata con nostalgia Rodrigo.

Miguel, cumplidos sus veinte o veinte y un años -continúa Rodrigo- asentado en Quito luego de haber trabajado de todo después de "salir" a sus dieciséis con una mano adelante y otra atrás de su provinciana casa, debido a su inicial actividad política y a su necesidad de trabajo había aceptado una temporal misión de supervisar, en el penal García Moreno, la situación de destacados presos políticos de la época.

Por su eficiencia y rectitud y por sus altas relaciones con el Ministerio de Gobierno, Miguel vio crecer su influencia en la vieja cárcel. Le temían y respetaban los presos. Le miraban con deferencia los guardias y policías. Un día cualquiera llegó al penal un preso distinto… Era un ex alto funcionario… pituco… arrogante… acusado de algún negociado. Le colocaron en una celda especial.

Pasadas las semanas, el "ex funcionario" viendo la lógica del recinto carcelario, llamó a Miguel a su celda…: "Joven, le dijo, se le ve decidido, inteligente y necesitado… ¿Usted ve esa maleta?... está llena de billetes…. Es suya… lo único que tiene que hacer es tomarla y mañana facilitarme la salida del penal… afuera me espera un auto. Todo está organizado… a usted no le pasará nada y nadie se enterará de este movimiento… Lo único que cambiará es que usted se volverá rico y yo seré libre en otro país…" Lo escuchó Miguel… dejó que acabe su proposición…. De inmediato llamó a los policías a que saquen de la celda al "ex alto funcionario" y lo lleven al patio… Allí Miguel ordenó a los uniformados que den un escarmiento público al "majadero" que se atrevió a "faltar al respeto a su honra".

Seguí siendo pobre -decía Miguel- pero tengo la frente en alto. Todo lo que he obtenido en mi vida ha sido por mi trabajo.

Muchos, miles de ecuatorianos fueron formados como Miguel con ese temple y con ese alto sentido de los valores, manifiesta Rodrigo. Y levanta la voz: si algo el país requiere en este momento de tanto cinismo, cuando la honradez es considerada sinónimo de tontería, es volver la mirada hacia esas experiencias y actitudes como las de Miguel.

En lo público y privado, en la oficina y en el hogar, en los altos cargos de representación es deseable tener personas inteligentes, democráticas, con capacidad de gestión y vocación de justicia.

Pero eso no basta.

También deben ser honradas, sensibles y honestas.

Porque si no, sin recios principios, con tantas tentaciones, plata y poder, las buenas ideas y brillantes inteligencias se distorsionan fatalmente.

Hijos, dice finalmente Rodrigo, cuando vayan a votar, acuérdense de su abuelo, Miguel.