Agustín Eusse

El acoso sexual nos avergüenza

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En los tres primeros meses del año van 30 denuncias de acoso sexual a mujeres en el sistema metropolitano de transporte de Quito. Y durante el 2015 fueron 450 casos.

Pero, sin duda, la cifra de abusos que a diario se cometen en las líneas del Trolebús, en la Ecovía y en los buses del Corredor Sur es mucho más alta. Si por algo se caracterizan los delitos sexuales es por su bajo nivel de denuncia. No es fácil para una mujer adulta, una adolescente o una niña afrontar este tipo de hostigamiento. El día a día, por supuesto, debe ser infinitamente más duro.

El Observatorio de Seguridad Ciudadana y ONU Mujeres elaboraron estudios reveladores: el 67% de mujeres de Quito ha sufrido abusos de carácter sexual o verbal dentro del transporte público. Y una de cada cuatro mujeres entre 25 y 40 años ha sido tocada en sus partes íntimas. Estas cifras se vuelven reales con testimonios desgarradores como el de una joven que el miércoles sufrió acoso sexual en un bus: un hombre decidió masturbarse y eyacular detrás de ella.

El responsable fue detenido y ahora enfrenta un juicio. La denuncia fue presentada en una de las cinco cabinas del programa ‘Cuéntame’, un servicio de atención a víctimas de acoso implementado por el Municipio de Quito, desde diciembre del 2014. Desde esa fecha hasta acá, apenas dos casos llegaron a sentencia que superan los seis años de cárcel. (En nuestro sitio web lea más testimonios sobre el tema).

‘Cuéntame’ ha servido de plataforma para reconocer un problema de fondo que sucede a diario no solo en el sistema de transporte municipal sino, quizá más grave, también en los buses públicos, en las calles y en las aulas de escuelas, universidades...

Más allá del apoyo psicológico que brinda el programa es necesario un cambio de mentalidad para evitar el acoso a escala nacional; es decir, pasar a una política de Estado que aproxime más la justicia a los ciudadanos y que incluya un enfoque de género en materia de seguridad.