Lolo Echeverría Echeverría

Lo que aceptemos que sea

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16 de November de 2013 00:01

Tres amigos discutían sobre los diferentes sistemas de gobierno y trataban de llegar a un acuerdo sobre el meollo de la democracia. El primero decía que la clave está en las instituciones, la separación de funciones y el voto popular. Explicaba que sin instituciones no es posible el control a los funcionarios y, rápidamente, la democracia degenera en autoritarismo político, corrupción administrativa y manipulación electoral. Remataba su propuesta señalando que el control real y efectivo está garantizado por la separación de funciones.

El segundo sostenía que la democracia es cualquier cosa que quieran sus gobernantes y acepten sus pueblos; aseguraba que no es una forma de gobierno rígida ni es inmutable, que los gobernantes elegidos libremente pueden ir adecuando las instituciones a lo que exigen las condiciones particulares del país con la sola condición de que los cambios se hagan con la participación del pueblo. Concluyó diciendo que no le escandalizaba que hubiera tantas formas de gobierno y tantas Repúblicas que se definen como democráticas. Nadie tiene la definición oficial ni el derecho de imponerla a nadie.

El tercero decía que el carácter democrático de un país y un gobierno está en el juramento que hace el representante elegido por el pueblo porque en ese juramento se compromete a cumplir las obligaciones y respetar las limitaciones establecidas en la Constitución. El juramento se repite con cualquier funcionario elegido para legislar, administrar o controlar. Aclaró que no consideraba un sistema inmutable, pero que estaría prohibido cualquier cambio que beneficie al gobierno vigente. Los cambios que alteren el juramento prestado o las condiciones establecidas en la elección, aunque cuenten con la aprobación del pueblo, solo podrían hacerse para el siguiente período.

Después de exponer cada uno los argumentos sobre la democracia iniciaron un debate acerca de los casos concretos de gobernantes que cambian las normas electorales y aseguran su reelección; sistemas que se llaman democráticos y consideran participación popular acudir a las urnas a ratificar la lista única de representantes designados por el único partido oficial; casos de gobernantes que llegan al poder para apuntalar sus negocios y los de su grupo; países que eligen como gobernantes a enfermos o inútiles; gobiernos democráticos que tienen el mismo gobernante por cincuenta años o dictaduras democráticas hereditarias.

La discusión pasó revista a gobiernos de derecha y de izquierda, de la actualidad y del pasado. El debate se hizo desordenado, los tres hablaban al mismo tiempo y empezaron a subir el tono de voz. No se pusieron de acuerdo en nada. Sin embargo, me pareció saludable la discusión, pensé que todos debiéramos participar en estas controversias porque, al final, la democracia será lo que nosotros aceptemos que sea.