Miguel Rivadeneira

Los abusos en la comunicación 

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mrivadeneira@elcomercio.org

Hay frases célebres que no pasan, que se repiten y que encajan en la actualidad. Abraham Lincoln decía que se puede engañar a todo el mundo algún tiempo; se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Sin dejar de reconocer los avances en materia de obras e infraestructura física, hoy se vive otra época cuando se siente hartazgo y cansancio de un estilo de confrontación, impositivo y antidemocrático, de deslegitimación a los que discrepan y ejercen los derechos constitucionales, entre ellos a la resistencia, en lugar de abrir el diálogo y escuchar a los diversos sectores. Se dan cuenta de la realidad, de la diferencia entre el discurso y los hechos, la propaganda y las cadenas, que cada vez generan más rechazo por la forma como se presentan.

El insulto y la diatriba que profieren no pueden ser eternos. A los medios privados, que no están exentos de equivocaciones, les endosan todo lo que el sector oficial hace, con mensajes deplorables, la manipulación de los medios vinculados y el silencio y a momentos la anuencia del organismo de control. Ese ha sido el caso de una cadena oficial que generara una repulsa entre la gente que razona y se da cuenta de la burda acción. Una cadena que generaliza y denigra a todos los empresarios, del sector bancario y de la comunicación, como si todos serían malos, lo que ha molestado hasta a identificados con el oficialismo. Alumnos y padres de familia del Colegio Mejía que han vivido una experiencia que no les va a cambiar de criterio frente al dolor de los golpes, la persecución y la condena de la “justicia independiente”.

Solo cuando se conocen las experiencias del pasado se puede tener idea de lo que representa la manipulación nefasta de la comunicación y cómo terminan los procesos. Vale la pena recordar lo que en octubre pasado un auténtico medio público alemán de radio y TV, la Deutsche Welle (Dolche Vele), enseñara a una delegación de comunicadores del sector público y privado y autoridades oficiales del Ecuador.

Ese país que tuvo una pésima experiencia en la época de Hitler, en donde el líder dividió y polarizó a la sociedad, confrontó y persiguió. Rompía cada cierto tiempo los periódicos y denigraba a los medios que se atrevían a reflejar los hechos y no solo el pensamiento único con el que uniformara un tiempo, no todo el tiempo, hasta que cayó un día.

Venezuela es otro ejemplo de hartazgo y cansancio, en medio de una profunda crisis, con un país dividido y polarizado, pero que luego de 15 años de Gobierno, en lugar de llevar al mejoramiento de vida de todos, pese a los enormes ingresos por la venta del petróleo, la situación es insostenible. Un prestigioso director musical, de los tantos buenos que tiene ese país, decía que lo que ocurre aquí es tan similar a los inicios de ese Régimen bolivariano, sin reparar cómo se ha deteriorado la situación.