Grace Jaramillo

El año del abuso

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¿Cómo un hombre de 53 años, con reconocido poder político e influencias en el gobierno más megalómano de la historia, que ostenta el cargo más alto en el diario oficial del Estado, con un sueldo de 5 005 dólares mensuales, puede acusar a una mujer que tiene menos de la mitad de sus años (23 para ser exactos) de violencia psicológica y hasta pedir una boleta de auxilio? Parece cómico sino fuera tan trágico. Pero ésta es la respuesta legal del Director del Decano de la Prensa Nacional a Gloria Ordóñez, la chica de 23 años, quien tuvo la valentía de denunciarlo por agresión física y puso fotos para probarlo en redes sociales. Es 2016, pero es el tiempo que todavía nos toca vivir a las mujeres.

Este es el año que demostró hasta la saciedad cuán lejos estamos las mujeres no solo de la equidad, sino hasta de estar libres de violencia.

Es el año donde Donald Trump, con 13 denuncias de acoso sexual a su haber (incluyendo una por violación), ganó la presidencia de los Estados Unidos a una de las mujeres más talentosas y más preparadas de la historia de ese país. Eso sin contar a Roger Ailes, el presidente del conservador canal Fox News, quien solo dejó su cargo tras siete denuncias de acoso sexual. O Bill Cosby, quien no ha podido ser llevado a tribunales, a pesar de que 50 mujeres lo han denunciado por abuso sexual.

En Canadá, el presentador más popular del canal público CBC, Jian Gomeshi, fue absuelto de responsabilidades, a pesar de que nueve mujeres lo denunciaron por abuso sexual. El canal lo despidió apenas supo de la denuncia, no lo mandó de vacaciones. La única justicia que nos queda a las mujeres es poner nombre y apellido a los violentos. Nada más.

Apenas el 26 de noviembre se había realizado la marcha ‘Vivas nos queremos’ por la no violencia contra las mujeres en Quito, con una asistencia de más de 5 000 personas. Por esos días en Loja, mujeres líderes de todas las tiendas políticas me contaban historias casi espectrales. Muchas de ellas eran sobrevivientes de años de acoso, inequidad, violencia intrafamiliar y sobre todo violencia sexual.

Empezaron a hacer política porque se dieron cuenta de que mientras la violencia contra el género “sea un asunto privado”, ni sus vidas, ni las de sus hijas cambiará. Su vida empezó –literalmente- cuando terminó su silencio.

Pero terminar el silencio no es fácil porque nos han convencido de que sólo los golpes están mal, mientras aguantamos microagresiones diarias que son parte de esa inequidad y violencia. Cuántas mujeres que tienen que aguantar cotidianamente parejas que cuestionan su inteligencia ó su capacidad profesional.

Cuántas mujeres viven sin independencia económica, porque mientras ellas crían sus hijos y cuidan su casa, sus parejas les mendigan su propio dinero ganado en la sociedad conyugal. Es una tarea para todos despertar y luchar solidarios por una sociedad más humana y convencer a los hombres de hacer lo mismo.

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