Óscar Collazos

9 de abril

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
12 de April de 2014 00:02

 El 9 de abril de 1948 tiene un significado simbólico que, aun hoy, sirve para explicar comportamientos extremos de los colombianos. No solo es un ejemplo de la estrategia de eliminación que se adoptó para cerrar las puertas a los cambios políticos. El asesinato de Gaitán confirma la tendencia a dejar en el limbo de la justicia los crímenes más atroces de nuestra historia.

Sesenta y seis años después del magnicidio, no se conocen sus autores intelectuales. Apenas se sabe de un hombre linchado por la turba . Pero Roa es otro misterio, resuelto apenas por la conjetura novelesca. ¿Eliminaban sus asesinos el eslabón que conduciría a los autores intelectuales? La literatura da las respuestas que no han dado ni la justicia ni la historia.

El 9 de abril de 1948 se expresó de manera caótica, como corriente vengativa, el malestar social que el caudillo asesinado había resumido en discursos y su proyecto. Él mismo fue consciente de la fusión de su persona con el pueblo, algo que han tratado de hacer sin fortuna políticos colombianos posteriores a Gaitán. El Bogotazo fue la expresión de un sentimiento de clase que, a falta de lenguaje y formas de organización política, encontró su cauce en la destrucción y el saqueo. La llamarada fue efímera en la capital, pero la chispa incendió a la Colombia rural en una guerra más irracional, colofón sangriento de las guerras civiles del siglo XIX. El 9 de abril fue el primer ejemplo trágico de emputamiento colectivo en nuestra historia contemporánea. Desde entonces, más que protestas razonadas, nuestra respuesta a la injusticia es un desbordamiento instintivo.

No ha sido fácil quitar del imaginario de los colombianos la acción vindicativa como expresión de la justicia. En esas estamos cuando se vislumbran procesos de paz y reconciliación. No bastó la violencia bipartidista y vindicativa de los 40 a los 50 del siglo pasado. Todavía hoy, la venganza es el sentimiento que más obstáculos pone a la acción de la justicia.

Fue el carácter vindicativo el modus operandi de nuestra violencia: exterminio del adversario, castigo ejemplarizante sobre el cuerpo mutilado, humillación de la víctima. Las mismas acciones vindicativas han dominado el conflicto de los últimos 40 años.

En cada crimen atroz, cometido por paramilitares o guerrillas, aparece un actor emputado y salido de sus propias casillas, arrastrado por el odio, motivado por destruir al adversario. La ferocidad no ha tenido límites. Con estos antecedentes, llegamos a creer que éramos un país de violentos. Hasta los violentos han sido víctimas de su propia violencia y no saben cómo salirse de ella.

Desconfío de la exaltación del emputado y de la reivindicación de su figura.

No puedo olvidar que lo que echó gasolina y fuego al Bogotazo fue el emputamiento inesperado de un pueblo que vengaba el asesinato de su caudillo.