Abelardo Pachano

Inquietudes nacionales

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1) ¿En qué medida los préstamos de la China anunciados por las autoridades alivian la situación económica?
Cuando la situación apremia, y en el caso del país atosiga bastante, el refranero popular nos recuerda que “todo trigo es limosna”. Así le cae al Gobierno cualquier dólar que consigue fuera de las fronteras. No importa quién le proporciona, cuánto le cuesta ni las condiciones que le imponen. No se le mira las costuras a la operación, sino el alivio que trae consigo su consecución.

La angustia nacional por cerrar las macrobrechas que tiene tanto en sus operaciones con el exterior, como la fiscal -que no son iguales-, le tiene a mal traer. Vive un día a día de estrés que se visualiza en las diversas relaciones que mantiene con la sociedad.

Por un lado, sabe que mientras no cierre o cubra el déficit externo, no puede restablecer la funcionalidad normal del sistema financiero, que por suerte está en condiciones saludables.

La contracción monetaria, a pesar de que algunos no lo quieren reconocer, es la resultante de la salida neta de dólares del Ecuador.Y este es el problema más complejo de atención inmediata: restablecer la liquidez de la economía para que pueda operar todo el andamiaje productivo.

Si esto no es posible, la retracción monetaria continuará realizando sus efectos perniciosos. Los intermediarios financieros no podrán reabrir sus ventanillas de crédito y, con ello, el desmultiplicador (para darle un nombre al efecto negativo) seguirá creando serios problemas de viabilidad a empresas y actividades.

De otro lado, el desfinanciamiento del presupuesto ocasiona un estrangulamiento de la gestión pública, que no encuentra la forma de llevar adelante su programación comprometida. Con seguridad, los atrasos seguirán apilando obligaciones, las inversiones públicas deberán reducirse e incluso los gastos corrientes tendrán dificultades de atención.

El país tiene un problema estructural severo. El Gobierno lo sabe e incluso lo reconoce cuando afirma que ha perdido el 7% del PIB. Lamentablemente, no se ve un plan coherente, comprensivo en acción, que permita resolver las causas de una forma ordenada. Es difícil ver el horizonte o la meta que a trazado el Gobierno para superarlo. Hay síntomas de reflexión en las líneas de la política económica, pero es indispensable explicitar, buscar consensos para conseguir adhesiones.

Por la forma como se conduce esta realidad, la resultante está llevando a una economía más pequeña, con dificultades de estabilizarse, que despide trabajadores, pero no sabe cuál será el nuevo nivel de equilibrio, que sin duda pondrá en riesgo el bienestar, especialmente aunque no exclusivamente, de los estratos medios y bajos.

2) ¿Cómo cataloga el que el desempleo sea, según varias encuestas, el primer problema para los ecuatorianos?

En estos trabajos que se realizan en el país para medir el estado de ánimo de la colectividad, la preocupación sobre la estabilidad laboral tiene prioridad precisamente por los despidos de trabajadores. Todas las semanas hay noticias de empresas que recortan las nóminas. Incluso, el sector público no renueva ciertas contrataciones, que por cierto las tomaron creyendo que la abundancia era indefinida.

Los datos de empleo, con las debidas reservas sobre su consistencia y confiabilidad, confirman esta realidad. El desempleo total, urbano y rural, se incrementó un punto porcentual en el 2015 y ahora es más difícil volver a reengancharse. Toma más tiempo. Si miramos solo el desempleo urbano, la tasa todavía es más alta. Supera el 5%, aunque personalmente creo que subestima la realidad. Algunas proyecciones internacionales creen que superará el 8%, pues el 2016 tiene una perspectiva de recesión más profunda que la del 2015.

Además, con la nueva clasificación de este mercado, el empleo inadecuado, subempleo en castellano claro, también se deterioró (aumentó) en 1,4 puntos porcentuales y llegó al 48,1%; y, esta es la otra cara del conocido ahora como empleo adecuado, que perdió participación.

Cordes, en una de sus publicaciones, señala ciertas inconsistencias de estos indicadores al compararlos con el Estudio Mensual de Opinión Empresarial que realiza el BCE, lo cual coincide con las presunciones de subestimación que se tiene desde hace algún tiempo.

En la presentación de una firma encuestadora, se señala que el 46% de la gente entrevistada afirma que un pariente fue despedido y el 50% cree que puede perder el empleo en el próximo mes. Estos datos explican una razón de la contracción del consumo: pérdida de ingreso e inseguridad laboral.

3) ¿Cómo articular medidas para defender la producción, el empleo y generar nuevas inversiones no solamente en el ámbito petrolero?
Precisamente, esas deben ser la metas de un plan de emergencia del Gobierno. Para ello se requiere enlazar decisiones que permitan ir al encuentro de recursos que resuelvan el problema de liquidez, de forma consistente con incentivos a la inversión privada y un esquema de recuperación de la competitividad productiva.

4) ¿Cuál el impacto de la caída de las exportaciones y cómo revertir la situación si buena parte de esa caída se debe al derrumbe de los precios del petróleo?
Es recesión pura y directa. No hay otra opción. El Ecuador no tiene financiamiento. Está de cierta manera con camisa de fuerza. Por la ausencia de mecanismos de apoyo, como los amortiguadores financieros (fonditos), la desprotección del país no permite mitigar los daños que trae consigo la caída en el nivel de producción y empleo. No hay manera de reemplazar las pérdidas a corto plazo, que no sea con una combinación de decisiones de recorte de gastos (públicos y privados) con incentivos que generen esperanza de producción y empleo futuros.