Julio Echeverría

A 500 años de 'El Príncipe'

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24 de November de 2013 00:01

En este fin de año se conmemoran los 500 años de la aparición de 'El Príncipe' de Nicolás Maquiavelo, obra que constituye el hito inicial de lo que luego conoceremos como la ciencia de la política, esto es, el estudio de la conducta humana atravesada por la lógica del poder. La modernidad de Maquiavelo está en su postura secular, en un contexto de fuertes tensiones religiosas como las que se desataron en el renacimiento italiano, del cual es seguramente uno de sus máximos exponentes; la política deja de ser la instrumentación en la tierra de un poder sobrenatural y pasa a ser la construcción de una obra humana por excelencia.

Maquiavelo presenta a la política como el arte de enfrentar situaciones de alta inestabilidad y desarrolla una minuciosa y rigurosa racionalidad adaptable a condiciones conflictivas y cambiantes; la política es arte más que ciencia, toda lógica racional se detiene frente a lo imprevisible y a lo fortuito. La política es el reino de la pasionalidad humana, una constatación que es perfectamente consistente con la descripción de la amoralidad de Maquiavelo sobre la cual se ha construido la caracterización de su obra .

La política es acumulación de poder y tiene muy poco que ver con la idea de la construcción del buen gobierno, o de la realización de la sensatez política, como lo planteaba la filosofía clásica de Platón y Aristóteles. La política no necesariamente camina hacia la realización del bien, la naturaleza humana no necesariamente se proyecta en esta dirección, puede también y por lo general así lo hace, conducirse por el 'lado malo'. Es esta la dimensión más profunda y real de la política y es allí donde interviene el poder del príncipe, el cual está para reinar sobre la pasionalidad humana a la cual la controla y domina.

Maquiavelo describe a la política en su elementalidad, en su desnudez como relación amigo-enemigo. El príncipe deberá revertir esta lógica, lo cual supondrá dominar su propia constitución pasional; su liderazgo consistirá en liberar al actor político de esta presión pasional que lo somete y domina. Una combinación de pragmatismo y visión estratégica que no encontró en los líderes de su tiempo. Una tarea para cuya realización no estaban dadas las condiciones propicias.

Maquiavelo vivió con intensidad esta dimensión brutal de la política; fue actor e intérprete de su propia tragedia, la cual no consistió solamente en su aislamiento de las lógicas del poder. Su mayor desventura residió en la indiferencia con la cual fue acogido su opúsculo por Lorenzo de Medici, a quien estaba dedicado y en quien confiaba la tarea del resurgimiento de Italia; indiferencia que contrastará con la aceptación que su obra tendrá en la posteridad, una aceptación enormemente polémica, de elogio y de rechazo, pero en ningún caso de indiferencia.