Lolo Echeverría Echeverría

2015: el año más oscuro

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Los corruptos habitan en la oscuridad que es lo contrario de la transparencia. Cuando las cuentas no están claras y nadie reclama ni controla, hasta el funcionario más honrado puede caer en la tentación de desviar los recursos. Como dice la sabiduría popular: en arca abierta el justo peca. Pero la corrupción no es el peor de los males que produce la falta de transparencia; también sufre daños irreversibles la democracia.

El año que termina ha sido un año malo para Ecuador porque ha faltado transparencia. Se nos han ocultado demasiadas cosas y hemos perdido confianza en las autoridades, en lo que nos dicen y en lo que defienden.

Con la propaganda nos han dado a comulgar ruedas de molino y con la Ley de Comunicación nos han impedido decir libremente lo que pensamos. Al concluir el 2015 tenemos la sensación de que se cierne algo malo sobre todos nosotros y que son demasiadas las cosas que ignoramos. No sabemos cuán grave es la crisis, ignoramos cuánto suma realmente la deuda externa, no conocemos los contratos de venta anticipada de petróleo ni las obligaciones que han cargado a nuestras espaldas. Dudamos de las cuentas y de los cuentos. Lo único que sabemos con certeza es que el milagro ecuatoriano era tan falso como el brazo de la santa.

El acceso a la información es uno de los derechos fundamentales de los ciudadanos en una sociedad democrática porque permite medir la calidad de la gestión administrativa.

En democracia, la participación ciudadana no se reduce a la elección limpia de sus representantes, se extiende a la posibilidad de conocer las deliberaciones y las decisiones que los elegidos adoptan y la evaluación de los resultados. El ejercicio democrático exige que las autoridades estén dispuestas siempre a la rendición de cuentas.

El gobierno democrático debe rendir cuentas no solo para explicar sus acciones sino para transparentar su funcionamiento sometiéndose al escrutinio público y asumiendo la responsabilidad que le corresponde. Esto solo es posible cuando las funciones del Estado son independientes y se controlan mutuamente. Cuando el gobierno controla todo, controla también a los que deben controlar al gobierno. La corrupción prospera donde hay oscuridad y reina la impunidad.

La transparencia es exigible no solo al gobierno sino también a los partidos políticos que han defraudado a los ciudadanos y han minado la confianza en el quehacer político. Los factores más destructivos han sido la incongruencia entre lo que se dice y lo que se hace y la demostración de que anteponen sus intereses a los de la sociedad.

La mejor expresión de optimismo y esperanza en el Año Nuevo debe ser la decisión de reclamar transparencia, de exigir la verdad por dura que sea, para demandar las responsabilidades que correspondan y, como dueños del poder, imponer las correcciones necesarias. Feliz 2016.

lecheverria@elcomercio.org