Marcelo Ortiz

1922: Mussolini llegó al poder

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8 de December de 2012 00:01

Un año antes, 1921 se fundó el Partido Fascista Italiano. Son 90 años, casi una centuria, de la llegada al poder de Mussolini cuando el Rey Víctor Manuel III le designó Presidente para salvar la crisis económica-quiebra bancaria- y la política amenazada por ese nuevo espacio creado en base al terror de las escuadras fascistas-camisas negras y la insignia del “haz de varillas”-fasces. Creadas las bases de la violencia al derrotar una huelga de la Confederación de Trabajadores con estrategia terrorista, esa fue la decisión del Rey, quien al recibirlo en Palacio con camisa negra y oírle: excúseme la vestimenta porque vengo directamente del campo de batalla, le juramentó para que ejerza el poder.

Sus primeras acciones son tácticas porque tiene un parlamento adverso. Para asegurar su vía de control total, en julio-1923 suprimió la libertad de información, y todo órgano trasmisor de ideas sería controlado. Luego reformó la Ley electoral para facilitar la mayoría parlamentaria en los fascistas. El diputado socialista Matteoti por escribir un libro crítico: “Un año de dominio fascista” le secuestran las escuadras y lanzan su cadáver en una calle de Roma.

En enero-1925 en mensaje de año nuevo dice: “asumo la responsabilidad política, moral e histórica de todo cuando ha sucedido. Si el fascismo ha sido una asociación de delincuentes, yo soy su jefe”.

En 1926 se suprimen los partidos políticos, se crea la policía política y los tribunales especiales para la defensa del Estado.

En 1927 se expide la Carta del Trabajo, la huelga es innecesaria, el sindicalismo es contrario a las nuevas formas asociativas de capital corporativo y trabajo.

En 1928 ya existe el Gran Consejo Fascista y se constituye la Cámara de los Fascios y Corporaciones que reemplaza al parlamento de pluralidad ideológica. En el fondo político está la frase taladrante de propaganda: “Mussolini siempre tiene la razón”.

El pueblo italiano continúa sometido a los actos de masificación, pierde su identidad racional ante el delirio multitudinario.

El líder le resuelve todos los problemas, y si no los resuelve no es su culpa sino de sus ministros y ejecutores.

Todo siguió así hasta su muerte en abril de 1945 cuando su aliada Alemania con Hitler perdía la Segunda Guerra Mundial.

Ahora ni en Roma, ni en Berlín, ni en Munich hay bustos, monumentos, nombres de avenidas, calles o poblaciones en recuerdo de Benito Mussolini y Adolfo Hitler, pero cuanto mal hicieron a la humanidad.

Hay que lamentar que esas ideas europeas envejecidas se practiquen en algunos países que se proclaman como socialistas del siglo XXI en América Latina, y en Libia y Siria provocaron la guerra civil.