Enrique Ayala Mora

15 de noviembre

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18 de November de 2011 00:01

A inicios de los años veinte, se desató la crisis de las exportaciones de cacao. La fruta bajó de precio en el marcado internacional y las enfermedades asolaron las plantaciones. El Ecuador su sumió en una profunda recesión.

En Guayaquil la crisis impactó más fuerte. Allí se dio el mayor crecimiento de las organizaciones de trabajadores y se regó el descontento entre la población, afectada por las alzas de precios. Paralelamente a la Confederación Obrera del Guayas se había formado, a principios de los años veinte, una organización más radical y combativa influenciada por el anarco-sindicalismo: la Federación de Trabajadores Regional del Guayas (FTRE), que encabezaba la agitación popular. En octubre de 1922, los trabajadores de la Compañía del Ferrocarril plantearon alzas salariales. Fue el inicio de un movimiento que también se dio en otras ciudades.

En pocos días, la situación devenía en acción solidaria que incluía artesanos, obreros portuarios, subempleados y migrantes. La primera semana de noviembre la agitación creció. De un movimiento de obreros, se había desarrollado una amplia movilización popular. El Gobierno reaccionó con nerviosismo y los grupos comerciales y bancarios opuestos a la administración Tamayo, pugnaron por dirigir la protesta popular contra la incautación de divisas, a cuyo manejo por los exportadores se adjudicaba la elevación del cambio y los precios.

En noviembre los trabajadores controlaban Guayaquil, paralizada por la protesta. El 15, una gran marcha no pudo ser detenida por los dirigentes que creían imprudente una demostración, aunque fuera pacífica. Los soldados y la Policía abalearon a las masas inermes. Casi no hubo resistencia, salvo de unos pocos que se apoderaron de armas. Con ese pretexto, los militares acentuaron la matanza. Hasta de los balcones se disparó contra el pueblo. Varios centenares de muertos y heridos quedaron en las calles. Los cuerpos, incluso de los que estaban vivos, se lanzaron al río Guayas. Actos de protesta en otras ciudades fueron reprimidos. La prensa, los políticos y el clero aplaudieron la masacre o guardaron silencio. Pero ese 15 de noviembre de 1922 no se pudo borrar como un hito inicial en la lucha de los trabajadores en la historia nacional.

Con la horrible masacre, el 15 de noviembre trajo consigo una toma de conciencia de los trabajadores, que constaron que sus organizaciones no debían solo reclamar mejoras laborales, sino cambios radicales . Tomaron conciencia de que debían actuar con independencia de clase. Esa es la gran lección que deja hasta hoy del doloroso hecho. Deberían aprenderla tanto el gobierno, que haría muy mal en tratar de crear organizaciones laborales paralelas; como el Frente Unitario de los Trabajadores (FUT), que necesita unidad hoy más que nunca.