Enrique Echeverría

11,5 toneladas

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28 de November de 2011 00:00

Con verdadera alarma nos informamos sobre el terrible fenómeno de los narcóticos en nuestro Ecuador, gracias a una información de este diario en la que se revela: “Entre enero y octubre de este año, la Policía Antinarcóticos ha decomisado unas 13,2 toneladas de drogas, principalmente cocaína. Esto, en Guayas y Pichincha. En la primera de estas jurisdicciones incautaron 11,5 toneladas de estupefacientes, frente a las 7,3 del mismo periodo del año pasado. Mientras que en Pichincha la Policía encontró 1,7 toneladas”.

En 1991 –veinte años atrás- la realidad era distinta en el Ecuador: apenas se iniciaba el fenómeno, con alarma de la ciudadanía y se hablaba de gramos de estupefacientes.

Quien fue Director de la entidad policial encargada de controlar y combatir el fenómeno, general de Policía Dr. Homero López Espinosa, publicó dos tomos sobre este problema. Dice: “Enormes fortunas se mueven como si nada sucediera dentro de la poderosa red de los traficantes de drogas que hasta se permiten amenazar a los gobiernos y toman acciones para demostrar que su poderío y audacia son tan grandes que no se detienen ante nada ni nadie”. El negocio es tan fabuloso que tratar de eliminarlo se ha tornado en tarea prácticamente imposible. Veinte años atrás, la Dirección de Control de Drogas de los Estados Unidos estableció ya que una petrolera era la única empresa de los Estados Unidos …“con ingresos superiores a los 79 mil millones de dólares, que se nutre con las ganancias que le deja la venta ilícita de drogas”.

No hace falta, porque está a la vista y al conocimiento de todos, la destrucción de un ser humano que utiliza cocaína. Pero no es únicamente el ser humano el que se destroza, sino también la naturaleza. Revela el Dr. López Espinosa: “Sembrar la coca conlleva un proceso de sembrío destructivo para el suelo, por el exceso de herbicidas y abonos que se utilizan con el fin de que los cultivos clandestinos crezcan rápidamente”.

Más de una voz autorizada menciona como ventaja y hasta necesidad, despenalizar la drogadicción. Cierto es que, en un primer momento, el consumo se extendería porque el precio del estupefaciente bajaría notablemente. Quizá la precaución sería una campaña publicitaria previa, que dure no menos de un año, ilustrando a la gente -particularmente a los jóvenes- sobre el desastre que provoca el consumo; y al cabo de esa campaña despenalizar el uso.

Después de todo, no se ve por qué el Estado deba estar detrás de cada persona para evitar que ingrese al consumo de drogas; o para extraerle si ya está consumiendo. Esa es tarea imposible, pues deberían poner un policía detrás de los miles y hasta millones de personas en peligro, o ya consumidores. ¿Está llegando el tiempo de despenalizar el consumo de droga? Antes se hablaba de “gramos”; hoy, de toneladas.