Milagros Aguirre

A ellos…

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23 de June de 2011 11:33


Este va para aquellos que están escondidos en ese gran brócoli que parece la selva, ese inmenso verde bañado por ríos que lamen la tierra como serpientes. Para esas gentes que nadie cree que existen porque no las han visto. Para aquellos que tienen muchos derechos, incluidos los de su entorno, pero que no se han enterado. ¡Hasta medidas cautelares hay para protegerlos!

Hemos visto sobrecogedoras imágenes de sus chacras y, alguna, de sus casas. Y sus lanzas, regalo de sus dioses para defender su pedazo de tierra. Armas finamente labradas, adornadas unas, con bellos plumajes y otras, con fibras plásticas, etiquetas, pedacitos de tela de alguna ropa vieja que han encontrado en los caminos o en los ríos y que dicen de su cercana presencia.

Hemos visto las huellas de sus pies descalzos en los senderos de la selva y hemos escuchado relatos que hablan de sus encuentros. Hemos visto morir a una veintena de mujeres y niños en una violenta incursión de sus vecinos. También, y con inmenso dolor, muertos atravesados con sus poderosas lanzas. Han llorado sus madres, padres, hijos y hermanos. Seguramente ellos, los que hemos visto morir, tampoco sabían que ustedes estaban allí, tan cerca, a un día de camino.

No sabemos qué va a pasar con ustedes. En realidad, están en peligro y no hay manera de alertarles. Tampoco parece haber manera de advertirles a quienes sí saben de su existencia. Tal vez desaparezcan todos ustedes, sus mujeres, sus niños, sus guerreros, sus abuelos y con ellos su historia, su lengua, sus cantos, sus creencias, sus secretos de supervivencia y su ciencia.

Desaparecerán sin que a nadie le importe. Total, hemos oído muchas veces que "un grupito de indígenas desnudos no puede impedir el desarrollo del país". Y ustedes están ahí, en medio, sin saberlo.

En realidad, a pocos les importan sus vidas. Por eso se han abierto caminos que van hasta las entrañas mismas del bosque, dejando llena de heridas la selva. Han cortado con ruidosas motosierras sus árboles. Han ensuciado sus ríos. Han sobrevolado sobre sus casas. Y ahora, en poco tiempo, taladrarán cerca de ese reducto donde han colgado sus hamacas, donde han tejido un nuevo techo y han sembrado su yuca.

Es previsible que, en esos trabajos, se encuentren en alguna trocha. Es probable que a ustedes no les guste la presencia de los trabajadores que irán para allá, ahora que salió el campo Armadillo a licitación. Es probable que más sangre se derrame sobre la tierra amazónica.

Y también es probable que algunos mueran en esa guerra desigual sin siquiera luchar por sus vidas: una gripe puede acabar con ustedes. Es probable que tengan que huir una vez más, sacar a sus hijos de casa y buscar otro reducto en donde esconderse en esa guerra silenciosa, interminable y dolorosa que, finalmente, acabará con sus vidas.