23 de March de 2011 00:00

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Carlos Larreátegui

Las amenazas que se ciernen sobre varios periodistas y medios de comunicación reactivan el debate sobre la libertad de expresión y la vigencia de los derechos humanos. Muchos ciudadanos nos hemos preguntado dónde quedaron las otrora activas y ruidosas organizaciones de derechos humanos como la Aldhu de Juan de Dios Parra y Gustavo Larrea, la Fedhu de la Hermana Elsie Monge o la APDH de Alexis Ponce. Para algunas organizaciones, sin duda, hay individuos más humanos que otros. Si perteneces a la “izquierda revolucionaria” o al grupo de “allegados” puedes contar con su apoyo y defensa ante el Estado. Si por desgracia perteneces a la derecha, a la izquierda “blandengue” o simplemente defiendes tu derecho a expresarte libremente en contra de ciertos dogmas o intereses, no intentes tocar sus puertas; permanecerán sordos, mudos y desdentados para ti.

En estos cuatro años de gobierno han quedado al descubierto algunas de las imposturas de la izquierda radical. Ciertos mitos como su apego a la democracia y a las libertades del hombre han sido destruidos; ha quedado en claro, también, que la defensa de los derechos humanos sirvió en muchos casos como un mascarón de proa para colmar apetitos de poder e intereses políticos. No debemos olvidar que cierta izquierda fue muy hábil para posicionarse con temas emblemáticos como el medio ambiente, los derechos humanos, la plurinacionalidad y la libertad de expresión, entre otros, y que la prensa que hoy ataca sirvió como caja de resonancia para difundir su pensamiento y ubicarse como legítima representante de esas causas. Es necesario tener presente también que esa misma izquierda pretende apropiarse de símbolos y valores esenciales como “patria”, “ciudadanía” o “país”.

La sociedad civil debe recuperar cuanto antes la defensa y promoción de los derechos humanos sin consideraciones políticas o ideológicas. Por ello, resulta una buena noticia que la Universidad Católica del Ecuador, a través de su Centro de Derechos Humanos, haya ofrecido su contingente para defender a Juan Carlos Calderón y Christian Zurita de la arremetida gubernamental. Sin duda, es un síntoma de que soplan otros vientos y que los ciudadanos van superando el peligroso inmovilismo social y la falsa noción de que los abusos del poder atañen solo a sus víctimas.

Es vital formar a nuestros jóvenes en la reflexión de los derechos humanos y multiplicar las organizaciones que promueven su defensa para garantizar una sociedad libre y democrática. La indiferencia de los ciudadanos frente a las libertades y derechos individuales permitió que esa vieja y destructiva izquierda se apropiara de conceptos y valores ciudadanos que constituyen un patrimonio de todos. Es esencial, también, impedir que esa izquierda totalitaria meta las manos en la Función Judicial.

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