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Por LAURA DE JARRÍN
 
Por desgracia, la injusticia, la desinformación y la desidia han sido siempre enemigos de la posibilidad de dar a todo ser humano un juzgamiento equitativo y, en caso de encontrar culpabilidad, una condena equilibrada y una rehabilitación adecuada.

Esta historia tan humana y compleja como lo son sus protagonistas, se inicia cuando Alexandra Pazmiño, creadora de Blush Modelos,  mujer emprendedora y solidaria, me llamó para proponerme un tema para FAMILIA. Jamás imaginé que se tratara de algo que me devolvería la fe en la humanidad y cambiaría mi percepción sobre el comportamiento de la gente. Junto a otra mujer extraordinaria por su entrega y su lucha por quienes más lo necesitan, Margarita Carranco, vicealcaldesa de Quito, nos reunimos a conversar sobre la propuesta en ciernes, acompañadas de una taza de té, bebida que ha agrupado desde siempre a muchas féminas en su interés por construir proyectos solidarios que han dado frutos maravillosos. Entusiasmada Alexandra nos explicó la razón del encuentro: Xiomara Narváez, directora de Comunicación  de la Dirección Nacional de Rehabilitación Social, la había contactado para que se encargara de uno de los proyectos de integración dentro de los procesos de rehabilitación que se realizan en el Centro de Rehabilitación Social de Varones de Quito # 1, más conocido como el ex penal García Moreno, y el Centro de Rehabilitación Social Femenino de Quito. Se trataba de Modelando más allá de la prisión, un proyecto que busca que quienes participan lo hagan dentro de un marco de respeto a sus derechos, producción y productividad y para lograr el fortalecimiento de la imagen, demostrando que al interior de los recintos carcelarios también hay trabajo y educación. El resultado sería la publicación de un calendario para el 2008.

La experiencia, según Alexandra, fue altamente gratificante en los dos centros, quizás más en el de varones porque se logró una mayor participación, que copó una de las aulas más grandes del expenal. Bajo el título de El caballero inglés, el taller masculino incluyó charlas, videos y material ilustrativo sobre el desarrollo de la personalidad, la etiqueta, el buen comportamiento, formación para posar ante una cámara fotográfica. “El temor y hasta cierta desconfianza que tuve en el primer contacto, desapareció como por arte de magia cuando empecé a conocer a los internos y comprobé que, a pesar de su encierro, siguen conservando sus sueños y sus ideales y recibí en cada visita su cariño y gratitud porque lograba minimizar sus problemas y hasta sus carencias, por unas horas al menos”, fue el comentario de Alexandra. Su pedido concreto fue que la acompañáramos al expenal para que pudiéramos ver lo que se había logrado. La cita quedó concretada para el viernes a las 10 horas.

Era una cálida mañana quiteña y el sol lucía en todo su esplendor cuando llegamos al lugar.  La Directora, joven y cordial, nos recibió en su despacho y de inmediato autorizó nuestro ingreso al recinto carcelario. Unos pocos alumnos del curso, muy al estilo de un caballero inglés, se convirtieron en nuestros guías y nos condujeron al aula en la que esperaban al resto de participantes. Pocas veces me he sentido más segura y muy satisfecha  al ver que, a pesar de que la vetusta construcción no es la más adecuada ni suficientemente amplia como para acoger a tantos internos, lucía limpia, humilde pero decente. Gratamente sorprendida pude ver que una aula que llevaba el nombre de Juan Montalvo, estaba asignada a la educación primaria y hasta tercer año de secundaria de los internos. Al  llegar  al aula en donde nos esperaban los 58 alumnos y luego de las presentaciones de rigor, se entabló una charla amena e informativa. Parecía que visitábamos un recinto educativo, no una cárcel.

Margarita Carranco manifestó el compromiso de la Alcaldía  de compartir responsabilidades con el Gobierno para construir  una cárcel más digna y el propósito de bajar el índice de violencia al interior del centro, así como el apoyo a la campaña de desarme. El Municipio apoya con plantas ornamentales, con libros para la biblioteca y trabaja en la implementación del Centro de cómputo y  para pintar todos los pabellones. Los internos   solicitaron becas para culminar sus estudios cuando estén libres y que se arregle la celda en la que estuvo prisionero el general Eloy Alfaro.

Visitamos luego el resto de pabellones. En uno de los patios había unas jaulas con gallos de pelea. También vi  dos canchas de voleibol y unas mesas de billar. Todas estas actividades son de recreación para los internos. Me llamó la atención el galpón en donde se trabajan muebles y artículos tallados en madera. Hacen juegos de dormitorio, lámparas, mesas, sillas que se pueden adquirir a precios muy módicos. Igualmente es admirable el taller de pintura. En todos los casos, los internos hacen de maestros y alumnos a la vez.

La mañana voló y la visita llegó a su fin. Con  abrazos nos despedimos de los internos. Me acompañó el jefe de Fotografía de EL COMERCIO, Guillermo Corral, quien ha estado en la empresa 40 años y en ese lapso ha visitado al menos  10 veces el penal, estaba asombrado. “Las cosas han cambiado totalmente”, me dijo. 

No soy quién para juzgar lo que estos hombres han hecho  pero sí puedo decir que  las segundas oportunidades  son posibles y que siempre habrá un resquicio de luz en medio de una oscura celda.
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