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La terminal aérea Mariscal Sucre es una especie de ciudad que está activa las 24 horas. Sus habitantes, unos 6 000 empleados contratados por las más de 250 empresas que operan en el aeropuerto, llegan por turnos, cada ocho horas, para dar vida a esta "mini urbe".

Unos se desplazan desde Quito y otros vienen desde las poblaciones cercanas, Yaruquí, Checa, El Quinche, Pifo, Cumbayá y Tumbaco. Estos últimos trabajan, sobre todo, para las empresas que iniciaron sus operaciones en Tababela y que en la selección de personal dieron prioridad a los residentes del área.

La empresa mexicana Meramexair, que ganó la concesión para administrar los 11 nuevos locales de alimentación del aeropuerto, empleó a 314 personas. El 60% de estas vive en las zonas aledañas.

Vilma Morales es una de las personas que consiguió trabajo con esta firma mexicana. Esta mujer de 34 años cambió las plantaciones de flores donde había laborado durante 15 años, por la cocina de la pizzería Famous Famiglia. "Yo le veo muy bueno aquí, la gente de las plantaciones se botó para acá, la verdad es que el trabajo allí es muy duro. Aquí yo me siento bien tranquila, tengo nuevas amistades y aprendí muchas cosas que no sabía", dice.

De su barrio llamado San José, en Yaruquí, hay por lo menos una veintena de personas que consiguió trabajo en el aeropuerto y muchos siguen a la espera de una oportunidad. "Hay gente que nos pide que les ayudemos a venir, si yo pudiera les ayudara a toditos, a mi mismo esposo que trabaja ya 14 años en una empresa de alimentos del área, él quiere cambiarse, sobre todo por el frío de los congeladores", cuenta Vilma.

Los empleados de Meramexair también perciben diferencias en el sueldo. En las plantaciones solían ganar el básico, más las horas extras. Esto era alrededor de los USD 400, pero las remuneraciones en el aeropuerto son mayores. Vilma, por ejemplo, recibe USD 600 por laborar ocho horas.

Pero no todos los vecinos del área tienen esta suerte. La empresa que se ocupa de la limpieza del aeropuerto no ofrece tantos estímulos a sus trabajadores. Una muchacha de 28 años, que prefiere guardar su identidad, está trabajando desde hace una semana en esta empresa y gana el sueldo básico. "Estaba trabajando en una casa en Quito y no me resultaba, pero tampoco estoy contenta aquí, la verdad estoy aquí hasta que me salgo algo mejor", dice la joven y añade que es muy riesgoso venir al turno de la noche o la madrugada. "El bus solo nos deja en el parque de Yaruquí y yo vivo a 20 minutos de allí. En la noche o madrugada camino. Es riesgoso para una mujer, sobre todo, los sábados y domingos que hay personas ebrias".

La empresa que emplea a estas personas se negó a atender el pedido de entrevista de este periódico. En sus oficinas de Tababela, la asistente administrativa transmitió la negativa del gerente para conversar sobre estos temas laborales.

Traslado de empleados
El transporte a los trabajadores fue uno de los desafíos que tuvieron que afrontar las empresas que se mudaron a Tababela. María Fernanda Aldana, gerente de operaciones de Meramexair, dice que la empresa gasta al mes unos USD 50 000 por este concepto. El servicio lo presta una compañía de transporte, pero Meramexair analiza invertir en vehículos propios. "En la noche lo hacemos porque es una obligación, pero en el día lo hacemos como un beneficio", explica Aldana.

Compañías como Tame, que tiene 1 100 funcionarios, optó por comprar buses propios y contratar choferes. "Se hizo un análisis de costo-beneficio y se vio que era más conveniente adquirir los vehículos", explica Rafael Farías, gerente de la aerolínea. Tame, además, habilitará una pequeña terminal de buses para los empleados de esta aerolínea, en el Redondel del Ciclista, en Quito. "Estamos haciendo el mejor esfuerzo para mitigar el efecto del cambio en nuestros funcionarios, la empresa no ha escatimado en gastos", añade.

La inversión de Tame para comprar los vehículos se incluyó dentro de los USD 14 millones que la firma presupuestó para la mudanza a Tababela y la construcción de las oficinas y un hangar de mantenimiento de sus aviones.

Iberia también procuró cuidar a sus trabajadores y desde la mudanza a Tababela entrega a sus seis empleados un bono mensual de transporte de USD 300. "El 100% de nuestro personal de carga y operativo está aquí", dice Anderson León, gerente de aeropuerto de este empresa española.

Pero hubo gente que pese a todas las facilidades decidió mudarse a los valles cercanos a Tababela. Diana Morales, de 31 años, fue una de ella. Cuando empezó a trabajar en Tababela vivía en La Mitad del Mundo, luego se mudó al barrio de La Gasca y en abril alquiló un departamento en Tumbaco junto con su esposo. "Ahora me hago unos 20 minutos hasta el aeropuerto, antes viajaba una hora y media desde Quito".

Deserción por la mudanza
La casi todas las empresas consultadas por este Diario fue reticente a dar una cifra sobre la deserción laboral a raíz del traslado a Tababela. Tame asegura que su personal antiguo sigue. "La rotación se ve en funcionarios nuevos, que encuentran que el trabajo es intenso", dice el gerente de Tame.

Julio Gamero, presidente ejecutivo de Aerogal, reconoce que ha habido un impacto en el recurso humano, que en el caso de esta aerolínea supera los 900 trabajadores, pero no aporta datos concretos. "Ha habido gente que ha sabido adecuarse y arreglar su vida y continúa con nosotros y otra gente que, por razones personales, tomó una decisión distinta", dice Gamero.

Solamente Quiport, que tiene la concesión del aeropuerto hasta el 2041 y emplea directamente a un centenar de personas, informó que un 2% de sus trabajadores se retiraron voluntariamente después del inicio de operaciones del nuevo aeropuerto.

El aeropuerto
Cinco meses de trabajo. El aeropuerto de Tababela está operativo desde febrero. Tiene 60 counters para pasajeros y 903 plazas de estacionamiento.

Flujo de clientes. Los 11 locales de comida que Meramexair tiene en la terminal aérea reportaron alrededor de 342 000 visitantes solo en marzo.

Proyección. El aeropuerto que cuenta con 70 hectáreas de construcción y tiene proyectado recibir a 5 millones de pasajeros anuales en una primera etapa.

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