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Con el cobro del llamado Impuesto Mínimo, que por primera vez entró en ejecución este año para las empresas del país, la presión fiscal se está sintiendo con mayor fuerza.Ecuador, junto con México, son los dos países latinoamericanos con más altos impuestos empresariales del mundo, sostiene el catedrático José Salgado Defranc. “En Ecuador hay una peligrosa ficción en el manejo de los datos. El Impuesto a la Renta (IR), que se dice es del 25%, en realidad llega al 36,25%. ¿Cómo? A ese 25% hay que añadir la distribución de utilidades, con lo que la carga neta sube”.

Pero el director del Servicio de Rentas Internas (SRI), Carlos Marx Carrasco, defiende que el Ecuador es uno de los países con menor carga fiscal del mundo.

El funcionario explica que el cálculo debe establecerse como un porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) y, en ese sentido, desde hace cuatro años se ha incrementado del 11% al 13%, es decir, que de cada USD 100 que se producenUSD 13 se van a tributos. La meta de la autoridad tributaria es incrementar la carga fiscal al 15% en dos años.

Y, de alguna manera, eso ya lo están empezando a sentir las empresas del país, con el pago del Impuesto Mínimo. Para Sandro Coglitore, de la empacadora y exportadora de productos marinos Omarsa, este impuesto ha terminado restando liquidez a la compañía. “Nos vimos obligados a reducir el capital de trabajo y a pagar un valor sin saber antes los resultados que vamos a tener. O pagamos o pagamos. Y eso no se está compensando con un mayor acceso al crédito, por ejemplo”.

Dice que la presión fiscal de la autoridad tributaria se está sintiendo más en las grandes empresas comparadas con las pequeñas y medianas. “Si las reglas de juego se aplicaran por igual sería positivo. Pero hay más fijación en las grandes empresas”.

Sin embargo, las medianas empresas también sienten esa carga, especialmente en este año. José Alfonso Rivera, asesor contable de un negocio de ropa deportiva, señala que la microempresa que da empleo a 15 personas ha tenido que endeudarse para pagar el Impuesto Mínimo.

“No tuvimos un buen 2010. Antes podíamos declarar un mal año y excusarse de pagar el IR. Pero hoy, con el Impuesto Mínimo se debe pagar obligatoriamente. Tuvimos que solicitar un préstamo bancario. Y crucemos los dedos para que nos recuperemos”.

Para el experto tributario, Carlos Licto, la presión sobre las empresas aumentó porque se ha pedido el sentido del IR. “El concepto se ha desnaturalizado. El IR se debe cobrar sobre la obtención de la riqueza nueva en un determinado ejercicio económico. Pero ahora se lo cobra respecto a rubros como el patrimonio, por ejemplo, lo que le hace perder la esencia del impuesto”.

En eso coincide el fabricante de materiales plásticos, Patricio Fernández. “Es muy simple: hoy, independientemente de lo que se genere en recursos, debemos pagar ese Impuesto Mínimo. Ganemos o perdamos en el ejercicio, debemos pagar, porque se grava al capital o al patrimonio”.

Puntos de vista

Rabindranat Santamaría. Auditor

'Una pobre reacción de los  gremios empresariales’

En general, todos nuestros clientes están sintiendo un fuerte golpe al bolsillo. Afortunadamente, el año pasado fue relativamente bueno para las compañías. Que si hubiera sido otro año de vacas flacas como el 2009, la cosa en estos momentos  hubiera sido muy grave. Desde mi punto de vista, los gremios empresariales fueron muy pasivos en su reacción sobre el Impuesto Mínimo.

No tuvieron buenos representantes para dar a conocer sus observaciones  y negociar una mejor forma de cálculo, buscar alternativas. A estas horas ya es muy tarde y las empresas están digiriendo poco a poco el durísimo impacto a la liquidez.

María Herrera. Col. de Economistas

‘El Impuesto crea una mayor cultura tributaria’

En principio, el cobro del Impuesto Mínimo está bien, en la medida que puede crear una cultura tributaria. Lo que me parece importante es que no sea estrictamente punitivo, sino que realmente cree cultura y que  vaya  acompañado de un fomento a la productividad y competitividad.

Porque sino se desalienta y desincentiva al contribuyente. Ahora bien, definitivamente sí afecta a la liquidez de las empresas, pero eso  puede ser superado con un mejor manejo financiero de las empresas. Hoy, la carga fiscal en el país sí es alta. Y muy difícilmente, dada la línea del Gobierno, se puede pensar que vaya a bajar, más bien puede subir.
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