Los rescatistas son héroes que saben improvisar

Gabriela Castellanos
Redactora (I)

Ser rescatista es trabajar en una zona de guerra. Muchos animales que necesitan atención y hay pocos recursos para atenderlos. En esos casos los médicos deben improvisar.

Así es la experiencia de Sandra Proaño, médica veterinaria de Protección Animal Ecuador (PAE). “No sabes lo que vas a encontrar por lo que nunca puedes estar preparado para todo pero tratas de hacer lo mejor que puedes con lo que tienes”, cuenta.

El miércoles 3 de enero de 2016 acudieron al llamado de una mujer en el sector de Guayllabamba. Les habían informado que alrededor de 30 perros vivían en un terreno y necesitaban ayuda. Un rescatista, una médica veterinaria, y un representante de la organización salieron con implementos básicos como antibióticos, desparasitante, jeringas, guantes, gasas y comida.

Luego de un viaje de cerca de una hora el equipo de PAE llegó hasta la vivienda de Martha Gualuchico y María Ríos. Los primeros en salir a recibirlos fueron los perros, de todos los tamaños y edades.  Los médicos y rescatistas Improvisaron una especie de consultorio con una mesa en un lugar con luz. Allí iniciaron la revisión de todos los animales que viven en la propiedad.

Maria Rios y su hija Martha Gualuchico rescatan animales de la calle en varios lugares. En su casa les cuidan. Foto: Galo Paguay/ Narices Frías.

Maria Rios y su hija Martha Gualuchico rescatan animales de la calle en varios lugares. En su casa les cuidan. Foto: Galo Paguay/ Narices Frías.

Las dos mujeres mantienen a 27 canes en el terreno de su casa. “Les damos la comida que nos donan, pero no siempre alcanza”, comenta Gualuchico. Su madre, María, dice que a veces los animales deben pasar hambre porque no les alcanzan los recursos. El problema aumenta porque la gente del sector continúa abandonando animales en su casa.

Por temor a que sean atropellados o envenenados los acogen y procuran mantenerlos adecuadamente. Cuando alguna hembra está en celo es aislada del resto para evitar que se reproduzca.

Luis Bejarano, rescatista de PAE, observa que la situación de los peludos no es crítica. “Las señoras hacen una excelente labor alimentando y cuidando a los perritos, por lo que nosotros venimos a darles atención veterinaria”, comenta. Ninguno necesita ser trasladado a la clínica ni al refugio.

Proaño hizo un chequeo básico y conversó con las mujeres para conocer más del historial de los animales. Les indicaron que todos habían sido vacunados contra la rabia, por lo que el siguiente paso es programar vacunas múltiples que los protejan del virus del moquillo, parvovirus, entre otras enfermedades infectocontagiosas.

Además necesitan ser esterilizados. PAE necesita recaudar USD 22 por cada paciente para poder realizar las castraciones. Una vez que se consigan las donaciones trasladarán su Unidad Móvil para llevar a cabo los procedimientos.