Pavel calahorrano / el comercio PAE cuenta con todos los permisos para un correcto funcionamiento como albergue.

PAE cuenta con todos los permisos para un correcto funcionamiento como albergue. Foto: Pavel Calahorrano / NARICES FRÍAS

Refugios no logran obtener permisos de funcionamiento

Redacción Tendencias (I)

La clausura del refugio Amigos de Isabella, el 14 de septiembre del 2017 puso en evidencia los problemas sobre el manejo de fauna urbana en Quito. La Agencia Metropolitana de Control (AMC) aseguró que el centro no cuenta con los permisos de funcionamiento necesarios y que los animales estaban en malas condiciones.

Marcia Carrera, representante de este refugio, explicó que están adecuando el espacio, según las normas de Agrocalidad, pero por falta de recursos económicos no concluyen. Ellos operan gracias a donaciones y autogestión.

Los albergues deben contar con un área de cuarentena y otra de limpieza o baño de animales. En este caso, Carrera reconoció que este último espacio está cerca de terminarse y el de cuarentena no ha podido ser construido todavía.

El refugio está en un predio en el sector de Calderón, norte de Quito. Para separar los espacios usaron bloques de cemento y mallas. El espacio es de tierra, pues aún no consiguen donaciones de césped para ubicarlo en la zona de recreación.

La AMC determinó que algunos animales estaban enfermos con moquillo y con problemas en la piel, en hacinamiento y sus condiciones no responden a los principios de bienestar animal. Esto a su vez generó una discusión en redes sociales sobre el papel de los rescatistas y las autoridades en el control de fauna urbana.


El rescate animal en el Ecuador se realizan en la informalidad. No existe un registro completo de organizaciones o personas que se dedican a esta actividad en el país y tampoco a nivel local.

El movimiento animalista se formó como una respuesta al creciente número de animales abandonados y maltratados. Protección Animal Ecuador (PAE) fue una de las primeras.
Esta ONG nació en 1984. En general, las organizaciones financian su trabajo con recursos privados, ya sea de donaciones, eventos deportivos, ventas de productos y contribuciones de empresas.

El primer motor que mueve a los rescatistas es el amor a los animales, pero deben seguir parámetros técnicos que garanticen el bienestar animal, coinciden Karina Pizco, coordinadora de Urbanimal; Carlos Cortez, adiestrador canino; Cristian Aslalema, rescatista y Gabriela Jacho, veterinaria.

Estas normas son establecidas por la Organización Mundial de Sanidad Animal - de la cual Ecuador es país miembro-,  el Código Orgánico del Ambiente (COA), Agrocalidad y las ordenanzas municipales.

El concepto de bienestar animal nació en 1822 en Reino Unido. Richard Martin, parlamentario británico, llevó un proyecto de ley que ofrecía protección contra la crueldad a animales de consumo humano, específicamente ganado. Él fue parte de los fundadores de la primera organización de bienestar animal: la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad Animal (Rspca).

Más tarde se creó un Concilio sobre el Bienestar de los Animales de Granja en Inglaterra y a partir de allí se crearon las directrices que se conocen como las Cinco Libertades del Bienestar Animal: estar libres de hambre y sed, estar libres de incomodidad, libres de dolor, lesiones y enfermedades, ser libres de expresar un comportamiento normal, y estar libres de miedo y angustia.

Actualmente, cumplir estos parámetros no es sencillo y demanda recursos, los cuales son limitados para las organizaciones pues, en su mayoría, no reciben apoyo estatal, municipal o empresarial.

Agrocalidad regula los establecimientos que brindan atención médico veterinaria y también los centros de manejo de perros y gatos. El permiso tiene vigencia indefinida, pero la institución asegura realizar controles aleatorios para verificar el cumplimiento.

Según esta entidad de control, únicamente PAE, que maneja alrededor de 150 animales, cuenta con los permisos necesarios en el país. Urbanimal, entidad asociada al Municipio de Quito, está en proceso de obtener el permiso. El proyecto municipal se consolidó en 2014.

Según Agrocalidad, Protección Animal Ecuador (PAE) es el único refugio que cuenta con los permisos necesarios para operar. Foto: Pavel Calahorrano/ Narices Frías.

Según Agrocalidad, Protección Animal Ecuador (PAE) es el único refugio que cuenta con los permisos necesarios para operar. Foto: Pavel Calahorrano/ Narices Frías.


Las normas técnicas que se deben cumplir están en la Resolución 121 del 2016, emitida por la misma entidad. El tiempo para obtener el permiso depende de si los organismos tienen todos los documentos y la infraestructura lista para la inspección.

La infraestructura requerida incluye un cerramiento que impida la salida de los animales, un área de cuarentena, un espacio para cuidados médicos, un área de esparcimiento de al menos 150 m2 y un área de baño o limpieza para los animales.

Sara Escobar, médica veterinaria encargada del Centro de Adopciones de PAE, explica que desde su nacimiento han mejorado los procedimientos y se han capacitado en el manejo del refugio. Así, los animales tienen rutinas y se cumplen cronogramas médicos. “Se turnan para salir al área recreativa y tenemos enriquecimiento ambiental”, agrega. Esto último se refiere a actividades que estimulen a los rescatados y eviten el estrés.

Cortez brinda asesoría etológica (comportamiento animal) en algunos refugios de Quito. “Al conocer el comportamiento social de estos animales es fácil definir cómo y por qué un perro hace lo que hace. Si conoces algo de control de jaurías podrías ayudar a que no haya problemas de agresión”, señala.

Para lograrlo es importante bajar los niveles de testosterona en el refugio. “Como protocolo todos los animales deberían estar castrados”, apunta. Este aspecto es fundamental en el manejo de refugios, según la Rspca y concuerdan los rescatistas de varios refugios. Además de contribuir a controlar el problema de sobrepoblación de animales, ayuda a prevenir enfermedades como el tumor venéreo transmisible (TVT). Esta enfermedad es altamente contagiosa y su recuperación es larga.

La clausura del refugio Amigos de Isabella nació por una denuncia ciudadana. La AMC actúa con base en denuncias que recibe en redes sociales, a través de su página web, vía telefónica o correo electrónico. Nueve animales fueron retirados del lugar. En el predio quedaron alrededor de 100, pero hoy solo están 38. El resto habrían sido retirados sin autorización de la AMC y su paradero es desconocido.


Una vez que finalice el proceso administrativo, los voluntarios han expresado que continuarán rescatando. También que seguirán trabajando para mejorar las condiciones del refugio y que pueda beneficiar a más animales.