En el parque La Carolina viven algunos animales abandonados. Vecinos y peatones los alimentan esporádicamente. Foto: Julio Estrella /Archivo /Narices Frías.

En el parque La Carolina viven algunos animales abandonados. Vecinos y peatones los alimentan esporádicamente. Foto: Julio Estrella /Archivo /Narices Frías.

¿Por qué cierran los refugios para mascotas?

Gabriela Castellanos
Redactora (I)
[email protected]

Cada 4 de octubre, a escala mundial se celebra el Día Mundial de los Animales. Y en esta fecha se recuerda, entre otros ámbitos, que tanto los gobiernos y los ciudadanos son responsables de que cientos de mascotas no terminen en las calles.

En Ecuador, el Código Orgánico del Ambiente establece que los Gobiernos Autónomos Descentralizados deben generar normas que regulen la tenencia responsable de animales de compañía y el manejo de la fauna urbana. Sin embargo, en la práctica, las organizaciones no gubernamentales han coordinado esfuerzos para velar por la salud de los animales abandonados en las calles.


Es un trabajo contra corriente. Por cada animal que retiran de las calles otros tantos son abandonados. “En lugar de trabajar para erradicar el origen del problema, que es la natalidad descontrolada, las personas se concentran en tratar los síntomas (los animales abandonados)”, señala la organización norteamericana PETA (Personas por el Trato Ético de los Animales).

A diario llegan decenas de pedidos de ayuda a organizaciones locales. Es el caso de Fundación Camino a Casa, que no cuenta con un refugio, pero trabaja con hogares temporales que permiten salvar algunos animales de la calle y tenerlos con familias mientras se recuperan y encuentran un hogar. “No podemos atender a todos”, señala Cristina Calderón, fundadora de la organización.

Para ella, el trabajo que realizan no terminará si no existe educación en la población sobre la importancia de esterilizar y la prohibición de compra de cachorros. Ella teme que a futuro existan más animales callejeros pues la falta de recursos hace que sea imposible salvar a todos.


Como consecuencia de sus labores, los rescatistas adquieren deudas que sobrepasan los USD 1 000 y que no logran pagar por falta de donaciones. Los gastos veterinarios como cirugías -especialmente traumatológicas- son los rubros más costosos. A eso se suma la alimentación, medicinas, baños, peluquería, vacunas y, en algunas ocasiones, hospedaje y adiestramiento.

Mantener un albergue puede costar alrededor de USD 60 a 100 por animal cada mes. A eso hay que sumar los pagos a las personas que realizan tareas de limpieza, cuidado y atención de los animales. Un refugio de 50 animales con dos trabajadores puede costar cerca de USD 4 000, sin servicios básicos, arriendo del lugar, ni gastos adicionales.

Ante la situación, los refugios reducen o paran por completo los rescates mientras se entregan en adopción a todos sus animales. Para varias organizaciones locales la eutanasia no es una opción, pues consideran que cada animal tiene derecho a tener una oportunidad de tener una vida digna con una familia.


El fenómeno que se ve hoy en las organizaciones ecuatorianas es un reflejo de lo que ocurre en el mundo. Según el proyecto Shelter Animals Count, en Estados Unidos existen alrededor de 4 500 refugios para animales de compañía. En 2016 cerraron al menos 15 organizaciones y en 2017 el número asciende a más de 20. Entre los motivos que provocan los cierres están la falta de financiamiento.

Estefanía Pareja, vocera de la fundación Rescate Animal Ecuador, cuenta que trabajan con un modelo distinto. “No creemos que tener un refugio sea la solución. Llevar todos los animales que encontramos a un solo lugar solo les saca de la vista de las personas, pero el problema no se soluciona”.

Ellos también se manejan con hogares temporales. “Cuando se tiene muchos animales en un espacio no se les puede dar la misma atención o el mismo cariño que deberían tener todos”, argumenta. Por otro lado esto ayuda a que los animales se rehabiliten de forma integral y que puedan acostumbrarse a la vida en familia.

La ciudadanía también forma parte de este proceso, algo que genera conciencia sobre las responsabilidades con la fauna urbana. En Guayaquil, señala, no existe un censo de animales pero se calcula que la cifra está en alrededor de seis por cada habitante. En Quito las estimaciones señalan que existirían cerca de 500 000 animales.

Pero este camino no se puede limitar a buscar hogares para los animales de la calle, señala la rescatista. Es necesario acompañar con políticas públicas y leyes claras de protección a los animales. “Que todos los dueños tengan la obligación de esterilizar a las mascotas – al menos durante un primer período- porque aunque parezca algo muy exagerado al principio, hay que tomar acciones serias para frenar el crecimiento poblacional”