Alejandro Alarcón es un triatleta de 23 años, que entrena junto a su perrita Kallie, una vizsla húngara de dos años de edad. Foto: Valentín Díaz / EL COMERCIO.

Alejandro Alarcón es un triatleta de 23 años, que entrena junto a su perrita Kallie, una vizsla húngara de dos años de edad. Foto: Valentín Díaz / EL COMERCIO.

Ella es Kallie, la perra deportista

Valentín Díaz
Redactor (I)

Dicen que cada perro se parece a su dueño. Este es el caso de Alejandro Alarcón y su perrita Kallie, una vizla húngara de dos años. Ellos son inseparables y comparten una misma pasión: el deporte.

Alarcón se desempeña en triatlón. Ha participado en certámenes como el Ironman de Manta y hoy por hoy se prepara para una competencia próxima en Miami, Estados Unidos.

Entrena arduamente todos los días y su compañera principal es Kallie. Mientras Alejandro pedalea las cuestas, planicies e irregularidades del Parque Metropolitano, al norte de Quito, su perra lo escolta corriendo a su lado.

Entre practicar solo y junto a Kallie, Alejandro asegura que no hay comparación. “Cuando estoy con ella siento que me divierto y disfruto de verla cómo goza y cómo ama la bicicleta. Cada vez que salgo con ella es la misma emoción que sentí desde un principio”, asegura.

Kallie puede alcanzar velocidades de hasta aproximadamente 50 kilómetros por hora durante los picos del entrenamiento. “Esa velocidad sólo la alcanza cuando se embala. En promedio, durante los entrenamientos yo diría que vamos a unos 15 kilómetros por hora”, señala Alejandro.

Además de su velocidad, su resistencia también es impresionante. Los entrenamientos de Alejandro duran alrededor de dos horas y Kallie lo acompaña en cada paso. Ésta es una característica esencial de su raza, una rama del pointer (perros esencialmente de caza).

Sin embargo, aunque la raza de Kallie es un factor importante en su rendimiento físico, no es el único. Se requirieron meses enteros para que esta vizla pudiera acoplarse al ritmo de entrenamiento de su dueño.

Kallie es una perra de raza vizsla que acompaña al triatleta Fabián Alarcón en sus entrenamientos. El can puede alcanzar velocidades hasta de 50 kilómetros por hora mientras recorre  los senderos del Parque Metropolitano junto a su dueño.

“Fue un proceso súper largo. A los tres meses (de edad) empecé sacándola máximo un kilómetro diario. Y fue algo progresivo, paso a paso”, cuenta Alejandro. A los cinco meses, quiso probar suerte sacándola sin correa. Esto fue todo un éxito, pues la perrita se acostumbró a obedecer y seguir a su dueño.

A esa misma edad, la ruta se extendió a los cinco kilómetros. Cuando Kallie cumplió un año de edad, comenzó a acompañar a su dueño en un trayecto de nueve kilómetros. “Al año y medio ya le vi súper fuerte y ahora podemos hacer 35 kilómetros y ella sigue”, asegura el deportista.

Mejorar el estado físico de un perro requiere de la misma constancia que para entrenar a un ser humano. Según Liliana Ponce, veterinaria,  la resistencia física canina sí depende de la raza. “Obviamente, un perro de patas cortas no va a tener el mismo rendimiento físico que un labrador o cualquier otra raza grande”, menciona.

Sin embargo, agrega que no solamente se trata de eso. “Hay muchísimos factores que influyen en el físico de los perros. Entre los más importantes está una correcta y balanceada alimentación. Si el perrito hace mucha actividad física, no puede tener sobrepeso ni anemia. Debe estar en el peso correspondiente a su edad, tamaño y musculatura”.

Ponce asegura que, al igual que los humanos, los perros deben entrenarse antes de llevar a cabo jornadas deportivas muy extremas. “Si le exiges mucho a un perro sin experiencia en actividad física, los principales riesgos son posibles paros cardíacos y respiratorios, desgarres musculares o rotura de ligamentos”, asevera Ponce.

En caso de querer desarrollar el estado físico de un can, lo recomendable es hacer lo que hizo Alejandro: obtener la asesoría de un veterinario y realizar chequeos constantes. Adicionalmente, Kallie pasó por cursos de adiestramiento antes de comenzar a entrenar con su dueño, por lo cual fue mucho más óptimo su proceso de acoplamiento.

Alejandro comenta que una de las experiencias más duras y tristes de su vida fue cuando Kallie casi muere por una reacción alérgica a la picadura de una abeja. A mitad de la noche, Alejandro tuvo que llevarla a un hospital veterinario y pasó la noche allí con ella, hasta que se recuperó.

Sin duda, la historia entre Alejandro y Kallie es mucho más que su pasión compartida por el deporte. Son compañeros de vida cuyos mundos se cruzaron y formaron una especial amistad entre un humano y un can.