Los perros se acomodaron entre las bancas y pasillos de la Iglesia de San Francisco. Foto: Julio Estrella / Narices Frías

Los perros se acomodaron entre las bancas y pasillos de la Iglesia de San Francisco. Foto: Julio Estrella / Narices Frías

La iglesia de San Francisco abrió sus puertas para bendecir a los animales

Gabriela Castellanos
Redactora (I)

Con las primeras gotas de lluvia llegaron a San Francisco los fieles acompañados de sus animales de compañía. Entraron apresurados, esperando el cordonazo que no llegó. Se fueron acomodando uno a uno en las bancas de la iglesia donde se realiza anualmente una misa en honor a los animales.

Cada 4 de octubre se abren las puertas para un servicio especial. Se celebra una misa donde se habla de la relación entre seres humanos y animales. “Es el segundo año que vengo con mi perrita y me parece una forma linda de celebrar y festejar su presencia en mi familia”, aseguró Laura Duque, dueña de una french poodle.

Perros, gatos, canarios, e incluso cerditos ingresaron al santuario. Los ladridos inundaron el lugar mientras los gatos se refugiaban en los brazos de sus dueños. Había perros de todos los tamaños, desde pitbulls hasta chihuahuas. Muchos llegaron con trajes y vestidos.

Al iniciar el servicio se pidió a todos los asistentes ponerse de pie para recibir al sacerdote. Él agradeció la acogida e invitó a tomarse un tiempo para reflexionar sobre la relación que cada persona tiene con su animal de compañía. Las personas los tomaban en brazos y los abrazaban. Algunos tuvieron que agacharse para ponerse a la altura de sus perros.

En el sermón habló sobre San Francisco de Asís. En 1980, el papa Juan Pablo II lo declaró patrono de los animales y de los ecologistas. Se considera que él fue el primero en considerar a todos como criaturas de Dios, incluyendo a los animales. Luego, en 2003 por iniciativa de organizaciones de protección animal, se estableció la celebración del Día Mundial de los Animales. En todo el mundo se realizan celebraciones y Ecuador no es la excepción.

Todos escuchaban atentos. Algunos para calmar a sus mascotas les acariciaban. Otros se les acercaban y les murmuraban algo en el oído. Una de ellas fue Estefanía López. Ella llegó con una gata blanca. “Era de mi abuela y ahora la cuido yo”, contó. Llegó para que el padre le dé una bendición a ella y a otras tres mascotas que viven en su casa.

El padre Carlos Amendaño recordó una anécdota conocida por los franciscanos. Se dice que San Francisco logró comunicarse con un lobo que aterrorizaba a la ciudad. “Lo llamó hermano lobo y le pidió que no le hiciera daño ni a él ni a nadie y el lobo le obedeció”, contó el sacerdote.

La misa se prolongó por una hora. Durante este tiempo, los cantos y las oraciones estuvieron dirigidas a los animales que comparten el mundo con los seres humanos. En ocasiones, los ladridos no permitían que se escuchen las oraciones.

El sacerdote recordó a los asistentes que los animales también sufren y que necesitan de los seres humanos para sobrevivir. Pidió que se les dé un trato digno. “Como todos los seres de la Tierra merecen”, aclaró.

Al final, los asistentes formaron una fila para recibir una bendición. Uno a uno fueron salpicados con agua bendita. Al salir tomaron a sus animales y se dispersaron por las calles del Centro Histórico.

Los fieles hicieron oraciones por sus animales y se acercaron a recibir una bendición. Foto: Julio Estrella / Narices Frías.