Así es un día en la vida de un rescatista de mascotas

Gabriela Castellanos 
Redactora (I)
mgcastellanos@elcomercio.com

El trabajo de un rescatista consiste en acudir a los puntos más extremos de las ciudades. Detener el tránsito para capturar un perro asustado, utilizar sus propios vehículos como ambulancias. Son una especie de paramédicos que se caracterizan por no tener indiferencia frente al sufrimiento de los animales


Luis Bejarano es uno de ellos. Colabora con la Fundación Protección Animal Ecuador desde el 2005. En 13 años ha sacado de las calles más de 10 400 animales. Narices Frías lo acompañó en un día de rescates.

La primera parada es La Forestal, en la Avenida Simón Bolívar. Allí el joven Jordão de Praça esperaba ayuda para una perra que fue atropellada. “El domingo en la noche yo llegaba con mi hermano y vimos que un carro la embistió. Paramos el tráfico y la trajimos para la casa y llamamos a pedir ayuda”.

“Recibimos la alerta el lunes, pero lamentablemente no alcanzamos a realizar el rescate el mismo día”, le explica Bejarano. Para los rescates se analizan los casos. Hay animales que están muy malheridos, otros que están en riesgo de muerte inmediata, perras preñadas o recién paridas, cachorros y casos severos de maltrato que se deben atender de forma prioritaria.

En este caso, parece ser que el futuro de la pequeña mestiza tendrá un buen final. Bejarano se muestra optimista y cree que con un cuidado apropiado se podrá recuperar.
Afortunadamente, la perra no estaba grave. Tenía una lesión en una de sus patas traseras y sus signos vitales estaban estables, según la médica veterinaria que la atendió más tarde en la Clínica Veterinaria de PAE, en la Ulloa y Rumipamba.

Este caso no tomó más de 10 minutos entre el retiro del animal y el papeleo correspondiente. Pero no todos son así. La mayoría requiere de más tiempo y habilidades.

Como es de esperarse, las mordidas son parte de su trabajo. Con el tiempo ha aprendido a identificar los temperamentos de los animales y así manipularlos de forma más segura.

De camino al segundo rescate del día hace una parada cerca de la Universidad Internacional.  Revisa a dos perras y cuatro cachorros que ayudó días atrás. Se les esterilizó y vacunó y cada cierto tiempo hace visitas para verificar que se encuentren bien.

Luego, en Ciudad Bicentenario, en el extremo norte de Quito, una profesora del Colegio Réplica Montúfar había reportado un perro supuestamente atropellado que se encontraba frente a la institución educativa.

Luego de revisarlo, Bejarano vio que tenía una herida grande en el cuello “posiblemente producto de alguna pelea con otros perros”, comentó. Ya tenía una infección y una gusanera, por lo que su pronóstico era reservado.

Altamirano contó que las personas llegan al lugar y “lanzan a los animales de los carros”. Los vecinos también comentaron que por falta de vigilancia, la cantidad de animales abandonados crece constantemente.

El teléfono de Bejarano no para de sonar. Cuando termina un rescate acude inmediatamente al siguiente. Es un trabajo que no tiene horario fijo. Si hay emergencias los fines de semana, feriados o en las noches, se levanta y sale en su camioneta blanca. 

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