Luego de perder sus cuatro patas y su cola, Rupave está recuperando fuerza en sus músculos. Foto: Facebook / El Campito Refugio

Luego de perder sus cuatro patas y su cola, Rupave está recuperando fuerza en sus músculos. Foto: Facebook / El Campito Refugio

Rupave perdió sus cuatro patas, pero no sus ganas de vivir

Redacción Narices Frías (I)

Cuando Rupave fue rescatado, su condición era crítica. Los voluntarios que le salvaron la vida lo encontraron atado de sus cuatro patas, en un área abierta para que muera sin recibir ayuda. Estaba en un monte donde se realizaba cacería de liebres con Galgos, perros grandes y veloces. Dos de ellos estaban colgando de un árbol. La escena era un horror.

Al llegar a la veterinaria, Rupave recibió atención de emergencia y le aplicaron analgésicos. Necesitaban que deje de sentir dolor pues sus patas se habían necrosado. “Nuestro bello luchador perdió todas sus patitas por debajo de la articulación”, escribió el refugio El Campito, que se hizo cargo del can. “Dejamos que corten solas. Así se conservó el muñón, dándonos la posibilidad de que a futuro pueda utilizar prótesis”, continúa la publicación de su blog.

Él se recuperaba de sus lesiones en la clínica,  a la par que una mujer veía su fotografía en Facebook. Ángela Garay supo que era perfecto para ella. Mientras esperaba a que Rupave reciba el alta, se entrevistó varias veces con voluntarios de El Campito. Le preguntaron de su vida, su familia y cómo cuidaría de él. Finalmente cumplió todos los requisitos y cuando el perro estuvo listo se incorporó a su nueva familia.

Cuando llegó, se dieron cuenta que el maltrato que recibió no fue solo físico. Era agresivo con otros animales y entendieron que había sido utilizado para peleas. Armada de paciencia, su nueva mamá se dedicó a devolverle la confianza y la seguridad a Rupave y lo logró.

Sin embargó, había algo que todavía debía mejorar. “Como apenas se puede mover con sus coditos, más que nada se arrastraba, por lo que tuvimos que liberar la parte de abajo de la casa para que él pudiera mínimamente trasladarse”, dijo Garay al diario argentino La Nación.

Luego de conocer su historia, Giuliano Fazzi decidió ayudarlo. Estaba preparando su tesis como diseñador industrial y decidió crear unas prótesis para animales que habían tenido accidentes y no podían movilizarse. Diseñó unas patas ortopédicas a la medida de Rupave y luego de unos meses pudo entregarlas.

Pero antes de que el can pudiera probarlas, unas personas que andaban en moto le robaron las prótesis a Ángela. Pero la historia no termina ahí. Fazzi les prometió un nuevo juego de prótesis. Esto tomaría menos tiempo porque ya tenían los moldes.

Ahora es un perro feliz. Tiene un coche y se mueve a todas partes con sus prótesis. Aunque todavía le falta recuperar fuerza y musculatura, la libertad de moverse solo no tiene precio.