Benny acompañaba a su dueño durante sus presentaciones en clubes y teatros. Foto: Facebook Benny Pointer

Benny acompañaba a su dueño durante sus presentaciones en clubes y teatros. Foto: Facebook Benny Pointer

Una carta abierta de un perro en su último día de vida

Redacción Narices Frías (I)

Benny, un bóxer blanco, llegó a la vida del músico Jhon Pointer en el 2007. Desde entonces fueron mejores amigos. Fue su compañero fiel hasta el último día de su vida. En enero de este año falleció tras batallar con el cáncer por varios meses.

Su dueño se imaginó como se sentiría su amigo durante ese momento y escribió una carta donde relata, desde la perspectiva de su perro, la eutanasia.

“Ayer fue un día extraño. No pude levantarme de la cama”, comienza la publicación. Benny cuenta cómo su dueño lo levantó y lo sacó para que pueda ensuciarse. Tuvo dificultades para caminar por lo que Pointer tuvo que cargarlo de regreso a casa. Al llegar se tumbó en su cama. “Te tengo amiguito”, le decía su dueño. Lo abrigó y lo acarició mientras descansaba.

Me and my person. Photo shoot for the 2010 Austin Music Awards by Todd V Wolfson

Posted by Benny Pointer on domingo, 7 de febrero de 2016


El 27 de enero llegaron varias personas a visitarlo y despedirse de él. El bóxer blanco notó que empezaron a llorar, pero estaba muy cansado y se quedó dormido. Durante el día y la noche escuchó como su dueño hacía varias llamadas y hablaba con el veterinario. Más tarde pudo levantarse solo, pero estaba demasiado cansado y tuvo que recostarse nuevamente.

“Te tengo amiguito”, le repetía su dueño. Esa noche durmió en la cama de Pointer. “Aquí es donde pertenezco. Nunca me iré de su lado”, pensaba Benny.

La enfermedad del bóxer empezó varios meses atrás. Estaba jugando con Pointer cuando se desmayó y dejó de respirar por un momento. Los veterinarios le diagnosticaron un problema cardíaco, cáncer y falla renal.

After I passed out, and the doctor said it was because my heart was too big. What's wrong with that?

Posted by Benny Pointer on jueves, 12 de noviembre de 2015

La mañana del 28 de enero “su humano”, como lo llama Benny, se levantó, se duchó y le dio una lata de comida. Más tarde llegó una veterinaria quien le inyectó un sedante. “Me decían cosas lindas- lo buen perro que soy, el buen trabajo que hice y lo agradecidos que están de tenerme en sus vidas”, cuenta en su carta. 

Pronto su mente empezó a divagar. Trataba de concentrarse y se repetía “lo amo mucho, siempre estaré a su lado”. La veterinaria le dijo a Pointer “debe tener un deseo extraordinario de quedarse con usted”. A lo que él respondió: “Lo sé. Este pequeño vive para mi. Es el alma más devota que he conocido”.

Finalmente la doctora lo inyectó con una sobredosis de barbitúricos, los medicamentos que se utilizan para la eutanasia. Benny sintió que sus piernas estaban curadas, el cáncer desapareció, sus riñones estaban mejor y su corazón estaba sano de nuevo. El amigo de 8 años de Pointer había muerto.

Photo by Todd V Wolfson

Posted by Benny Pointer on Monday, February 1, 2016

“Pude ver que mi humano estaba aliviado y al mismo tiempo muy triste”, sigue la carta. Pointer estaba inclinado sobre el cuerpo de Benny. “Era algo así como una cáscara que se parecía a mi cuando estaba muy enfermo”, pensó el bóxer. Ya fuera de su cuerpo enfermo empezó a correr y saltar por la habitación.

Luego de su muerte, el can cuenta que se dirigió a su humano. Sin embargo, notó que su acercamiento no se produjo como en ocasiones anteriores. "Sentí como si su cuerpo fuera una nube y yo lo atravesé", se lee en el texto. Como no pudo acercarse se sentó "como un buen chico, y mi corazón le suspiró 'No te preocupes amigo, yo te tengo".  “Nunca me iré de su lado, él lo sabe”, termina el texto.

La carta fue compartida más de 26 000 veces en Facebook y ha recibido miles de comentarios de apoyo. Pointer convirtió la página de Benny en un memorial y durante sus giras se reúne con personas que han pasado por experiencias similares.