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Rawan, una niña de Yemen de apenas 8 años, quien fue vendida como esposa a un hombre de 40, murió por una hemorragia interna después de la primera noche nupcial, en un caso denunciado por la prensa que conmociona a Europa.

La crónica, sin adjetivos, describe el horror de una violencia íntima que se hace difícil de imaginar. Las autoridades locales de Hardh, área tribal de Yemen donde vivía la pequeña, lo niegan.

El periodista freelance Mohammed Radman que reveló y denunció, lo confirma, al igual que lo hizo el Centro yemenita para los derechos humanos, Unicef y decenas de portales, a partir de una publicación del británico Daily Mail, donde la historia continúa circulando.

Poco se sabe de la niña. Y poco del marido de origen saudita, quien ni siquiera fue arrestado.

Parece en cambio que Rawan fue vendida por el padrastro -el padre natural murió- por 100 000 rial, poco más de 2 000 euros y que murió en la habitación de un hotel.

El comandante de la estación de policía de la provincia de Hardh se alinea a las declaraciones locales, donde nunca salió una ley que prohíba el matrimonio a niñas que tienen menos de 17 años y al final de los años ’90 fue abolido el límite de los 15 años. Así lo declaró al Gulf News, diario en inglés de la región del Golfo. El policía insistió con que Rawan está viva, no sufrió violencia y ni siquiera se casó.

Pero no es difícil creer que el hecho sea verdad, considerando que, según Unicef, el 14% de las pequeñas yemenitas se casan antes de cumplir los 15 años y el 52% antes de los 18.

“Las consecuencias de los matrimonios en realidad son devastadoras -denuncia Liesl Gerntholtz, de Human Rights Waths- y muchas sufren de problemas de salud crónica porque tienen demasiados hijos y demasiado rápido”.

En la red social Twitter, muchos gritan en inglés, en francés, en árabe, bronca y espanto.

La única posibilidad, por las pocas que tengan la fuerza de hacerlo, es escapar. Como lo hizo Nada al Ahdal, quien en un video editado sobre Youtube en julio pasado, contó haberse escapado de su casa y de haber denunciado a su familia que la quería obligar a contraer matrimonio prematuro.

Con decir “sí” al matrimonio pactado “moriré”, decía Nada, de 11 años, también yemenita. “Muchas niñas decidieron tirarse al mar y ahora están muertas”, contó. Rawan no tuvo tiempo ni siquiera de lograrlo.

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