Tiempo de lectura: 4' 36'' No. de palabras: 752

Las armas han desaparecido en gran medida de las calles de Libia, pero el terror de la guerra civil sigue encogiendo el corazón de los libios. Y en medio de esa atmósfera, no es fácil fundar un nuevo Estado. "El que funde un partido es un traidor". Este era uno de los lemas de Muamar el Gadafi. Y aunque los libios intentan desde la caída del déspota liberarse de la vieja forma de pensar, se dan cuenta de que su ideología sigue vigente.

Con vistas a las primeras elecciones en los últimos meses se fundaron unos 120 partidos en todo el país, de los que sólo unos 20 se conocen a nivel nacional.

Además, se enfrentan a una gran desconfianza entre la población. "¿Quiénes son los representantes de estos nuevos partidos y qué quieren? Seguro que sólo velan por sus propios intereses", afirma un funcionario en una acción de protesta contra la política del Consejo de Transición en Trípoli. "No queremos ideologías, sólo queremos servicios estatales", asegura. Mustafa al Shibani, de 50 años, no se deja desanimar por ese tipo de comentarios.

El ex opositor y empresario turístico ha fundado junto con familiares, amigos y compañeros de ideología un partido denominado Asociación Democrática Libia. Del Ministerio de Cultura obtuvo la autorización para registrar y proteger el nombre del partido. Pero ahora no sabe qué autoridades han de concederle una licencia oficial.

Al Shibani es fundador y presidente del partido que, según afirma, tiene unos mil miembros en distintas ciudades.

Pasó la mitad de su vida en Francia, donde estudio derecho. Su compañero de partido Fathi Ajad es el director jubilado de un instituto de seguridad nacional cerrado en 2009. Juntos elaboraron el programa del partido.

Entre los puntos clave de su programa está el papel del islam como "fuente principal de la legislación" en Libia.

Sin embargo, los académicos no quieren en ningún caso que Libia se convierta en un Estado religioso al ejemplo saudí. Y tampoco pueden imaginarse un resultado electoral como en el vecino Egipto, donde una cuarta parte de los votos fueron para los radicales. Pero al contrario que en Egipto, donde impera la incertidumbre sobre el futuro sistema político, en Libia ya hay fijada una hoja de ruta para la transición.

El 23 de junio, los libios elegirán a 200 miembros de una conferencia nacional cuya labor será formar un nuevo gobierno y en 180 días redactar una nueva Constitución que se someterá después a referéndum y que requerirá para su aprobación el sí del dos por ciento de los habilitados. Y en cuanto culmine este proceso, se aprobará una nueva ley electoral que debe regular los primeros comicios parlamentarios.

Probablemente las cuestiones girarán en torno a las preguntas ya debatidas las últimas semanas: "¿Necesita Libia una cuota para mujeres?" o "¿pueden participar los libios que tienen otra nacionalidad?".

La cuota del diez por ciento para las mujeres que contenía el primer borrado de la ley que regula los comicios de junio chocó con la oposición de algunos grupos.

La cuestión de la nacionalidad también es controvertida, porque muchos miembros del actual consejo de transición volvieron a Libia desde el exilio y tienen una segunda nacionalidad, aunque no es contra ellos contra quien están dirigidas esas limitaciones.

Más bien, muchos libios temen que ciudadanos de otros Estados africanos a quienes Gadafi concedió la nacionalidad libia en agradecimiento a su lealtad puedan jugar un papel político negativo en la nueva Libia.

La democracia libia está aún en un estadio experimental y el gobierno de transición de Abderrahim al Kib podría alegrarse si tan sólo pudiera solucionar en cierta medida los problemas más fundamentales: tiroteos entre los antiguos "revolucionarios", tratamiento médico a los mutilados de guerra, la gestión de los presos, el combate al crimen y la justicia que algunos ciudadanos se toman por sus propias manos.

En las calles de Trípoli siguen escuchándose disparos ocasionales durante el día, que aumentan cuando se pone el sol.

En ocasiones se trata de seguidores del antiguo régimen que expresan su odio, pero con frecuencia son jóvenes que lo hacen por diversión. Y casi a diario a los hospitales llega algún muerto y herido afectado por una bala perdida.

Califique
2
( votos)