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La larga enfermedad de Nelson Mandela ha devuelto el protagonismo a su exesposa Winnie, un personaje controvertido en la vida pública sudafricana y crítico con el poder.

Desde la hospitalización, el 8 de junio, del padre de la Nación Arcoíris por una grave infección pulmonar, Winnie Madikizela-Mandela ha visitado casi todos los días la Mediclinic Heart Hospital de Pretoria, donde los periodistas del mundo entero aprendieron a reconocer su lujosa berlina de vidrios oscuros.

Mientras Graça Machel, la oficial Sra. Mandela desde 1998, permanecía discretamente junto a su marido, Winnie, madre de dos de sus hijas, asumió el papel de matriarca del clan Mandela.

Siempre llamativa a pesar de sus 76 años, aceptó entrevistas y llegó a visitar la antigua casita de la pareja en el inmenso municipio de Soweto para agradecer su interés a los periodistas.

Winnie contrajo matrimonio con Mandela en 1958, seis años antes de que el militante fuera condenado a cadena perpetua por el régimen de la minoría blanca. Durante sus 27 años de detención, ella mantuvo encendida la llama de la resistencia en el país. Y lo pagó muy caro, pues fue encarcelada, condenada a prisión domiciliaria y expulsada a un pueblo aislado.

Pero en los años '80, la "Pasionaria de los municipios" se dejó arrastrar por la tentación de la violencia. Mientras los barrios negros eran presa de la radicalización, ella se rodeó de una banda de guardaespaldas de métodos brutales, apodados "Mandela United Football Club".

Condenada por complicidad en asesinato

A causa de las atrocidades de esta banda fue condenada en 1991 por complicidad en el secuestro y el asesinato de un joven militante, a una pena de cárcel conmutada en multa. Desde hace algunos meses, la justicia investiga su papel en la desaparición de otros dos militantes, que fueron vistos por última vez en su domicilio en 1988.

Su radicalización, mientras Nelson Mandela elegía la negociación con sus opresores, la alejó de su marido. Además, ha hecho su vida sin él durante su ausencia. Aunque Winnie permaneció a su lado, el puño levantado, durante su liberación en 1990, ellos se separan en 1992 antes de divorciarse oficialmente en 1996.

Winnie Mandela, destituida del gobierno de su ex marido por insubordinación, apartada de la dirección del Congreso Nacional Africano (ANC), condenada nuevamente en 2003, esta vez por fraude, experimenta un pequeño repunte en las últimas elecciones.

Su apoyo a Jacob Zuma en su llegada a la presidencia le permitió ser reelecta diputada en 2009 y participar en las instancias dirigentes del ANC. Pero rápidamente quedó al margen por apoyar al populista Julius Malema, excluido del partido por indisciplina.

Fiel a su reputación de aguafiestas, el domingo pasado volvió a irritar a los dirigentes del ANC y a Zuma. Según ella, la visita muy mediatizada que ellos hicieron en abril a Mandela, quien ya estaba muy débil, fue "una herida" para la familia.

"Fue una grosería (...), no deberían haberlo hecho", sostuvo Winnie en una entrevista, provocando la cólera del partido. En julio de 2012, ella ya había acusado al ANC de estar interesado en su familia únicamente en caso de "necesidad".

Aunque su forma de expresarse continúa provocando la cólera de los jerarcas del partido, sigue gustando en los municipios, donde los más pobres aprecian que pida una mejor redistribución de las riquezas, a pesar de que ella misma adora el lujo.

"Todos cometen errores", la disculpa Mabel Tshoke, una ex militante antiapartheid de 59 años que vive en Soweto, el bastión de la lucha. Pero "ella siempre apoyó a su hombre", subraya.

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