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El Día de los Difuntos es una celebración que presenta diversas variaciones a través de Latinoamérica. Una de esas expresiones, en la que residen toda una mezcla de cosmovisiones (europea e indígena), es la comida tradicional consumida como parte de la fiesta.

Si bien México porta el estandarte de la fiesta que retira el manto lúgubre al concepto de la muerte, hay varios lugares en el continente que rinden culto a sus seres queridos. Aunque no en todos se usan las caretas de calaveras risueñas que Hollywood puso en la retina del mundo, las particularidades de la fiesta de cada lugar, no dejan de ser llamativas .

Los colores y motivos alegres de la celebración se han trasladado inevitablemente a las tradiciones culinarias de cada país, unas con más coincidencias que otras pero igualmente deliciosas. Hagamos, entonces, un repaso por algunos platos del continente en los que el sabor acompaña a una celebración propia del mestizaje.

México

Las calaveritas y el pan de muerto son dos elementos claves en las comilonas anuales por el día de los muertos. Los primeras son cráneos hechos de azúcar que se regalan entre las familias y amistades, usualmente con el nombre de la persona a obsequiar escrito en la frente de la ‘calaca’. Los más creativos suelen tener versos que narran de manera cómica el encuentro con la muerte de amigos o políticos.

En cambio, el pan de muerto tiene algunas variedades dependiendo de la región, pero el más comercial es el dulce. El mismo es espolvoreado con azúcar. Si bien los panes se preparan desde junio, están destinados para ser consumidos solo por esta ocasión. Cabe decir que en México, la celebración puede durar de un día a una semana, también dependiendo de la región.

Bolivia

La tantawawa (tanta>pan, wawa>bebé) es un bizcocho de aproximadamente 50 cm con forma humana y de un colorido rostro que es modelado en estuco para representar al fallecido. Esta variación de nuestra guagua de pan adorna unas mesas o altares (apxata) junto a otros elementos como bebidas, frutas, velas, cañas, flores y dulces. El altar puede estar presente tanto en el cementerio como en las casas.

Perú

Los peruanos suelen compartir las tantawawas con chicha morada y cerveza en sus visitas a los camposantos. Los panes pueden representar a niños, animales u otras formas que varían según las regiones. Los mismos se adornan de forma similar que en nuestro país o con anís o grageas.

Además, comidas tradicionales como las mazamorras de maíz blanco, de chicha de jora, mondongo o patachi (sopa de trigo) se dejan en las tumbas para que el muerto se levante a la medianoche y las saboree.

Colombia

Tanto en el vecino del norte como en Costa Rica y Honduras, la celebración contempla una visita de los creyentes a los cementerios para entregar ofrendas para adornar las sepulturas. Para muchos la celebración es meramente religiosa o espiritual y concluye después de una visita a la iglesia para pedir por el alma de los fallecidos.Sin embargo, los habitantes de Colombia preparan una sopa tradicional llamada sancho, hecha con carne, yuca, papas, maduros y otras verduras y vegetales. No es raro que a este plato se lo acompañe con arroz y plátanos maduros.

En este país, la celebración ha tomado cada vez más elementos de las costumbres mexicanas y aún tiene cierta relevancia. No como en Venezuela, en donde incluso la tradición de visitar tumbas es cada vez menor.

Testimonio
Carlos Aulestia / Antropólogo

Comida, un elemento simbólico

La visualización de la muerte es algo que reside en el ámbito andino y  mesoamericano.  Las poblaciones prehispánicas se caracterizaban por rendir culto a los muertos y en sus rituales se incluía una cantidad de elementos simbólicos que le agregaban valor a esta transición.  Ese tipo de manifestaciones abarcaban necesariamente a la comida como parte de esas expresiones.

Estas costumbres y hábitos rituales, con la llegada de los europeos, se cristianizaron. Por una cuestión de coincidencia y cercanía temporal, se superpuso el calendario de festividades del cristianismo con la actividad ritual de los pueblos prehispánicos.

Aparecieron entonces todos los elementos mestizos, con parte de la cosmovisión europea y parte de la simbología aborigen.  Por ejemplo, en el caso de los mexicanos y su comida,  se hacen calaveras de azúcar. Ese es un caso de hibridación cultural que implica la idea de la calavera como símbolo universal de la muerte pero, representada con rasgos de una cosmovisión de celebración muy lejana a la europea.

Es por eso que no se puede decir qué alimentos tradicionales como  la colada morada sean prehispánicos. De hecho, esas son preparaciones que  empiezan a propagarse después del mestizaje.

Ahora bien, existen también elementos geográficos muy prácticos. La chicha morada del Perú es distinta a nuestra colada morada, por ejemplo. Eso se debe al tipo de producto agrícola utilizado, en este caso, el maíz. Estos productos tienen una calidad y una propagación diferente en  zonas propiamente andinas.

Si se va más al norte, desde Colombia, ya no existen estos productos y, por ende, los platos no serán similares.

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