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Nelson Mandela, "un gigante de la historia" y el "último gran liberador del siglo XXI" en palabras del presidente Barack Obama, recibió ayer un homenaje del mundo en una ceremonia multitudinaria, en medio de la lluvia.

El homenaje se realizó en el estadio FNB de Johannesburgo, donde Madiba hizo su última aparición en público por el Mundial de Fútbol de 2010, en el barrio de Soweto, el exgueto del 'apartheid' donde vivió el líder sudafricano.

En su discurso, Obama exclamó: "Gracias, queridos amigos sudafricanos, de todas las razas y de todas las opiniones, de haber aceptado compartirlo con todos nosotros en todo el mundo". Obama comparó la situación norteamericana con la sudafricana, dos países con una historia de segregación racial, resuelta tras largas batallas por la conquista de los derechos civiles.

Unas 50 000 personas, la mitad de lo previsto debido al mal tiempo, acompañaron desde las tribunas con cantos y bailes en honor a la vida y al legado de Tata, el gran viejo, el hombre que logró la reconciliación en el país, transformándolo en una "Rainbow Nation", la nación arcoíris de la tolerancia y las diferencias. "Es la última vez que puedo encontrar el espíritu de Mandela", sintetizó Irene Mpinda, de 35 años, de Soweto, el porqué decenas de miles de personas, incluso provenientes de los exguetos negros, se levantaron al alba para asistir al homenaje.

Las palabras de Obama recibieron una ovación, tras lo cual mucha gente abandonó el estadio por la lluvia. Todos los 91 jefes de Estado y gobierno anunciados, así como exmandatarios, estuvieron presentes: el clan Clinton, Bill, Hillary y la hija Chelsea; los británicos Tony Blair y David Cameron. También dos presidentes de A. Latina: Enrique Peña, de México, y Dilma Rousseff, de Brasil.

Tampoco faltaron los silbidos, sobre todo contra el presidente sudafricano, Jacob Zuma, en el estadio solo con dos de sus 4 esposas. Aunque en el pasado fue muy popular, Zuma es cada vez más criticado por las acusaciones de corrupción que regularmente recibe. Cada vez que su nombre era citado por el locutor del acto, llovían los silbidos, incluso cuando habló.

Apretón de manos histórico

Un gesto inédito en casa del ícono de la reconciliación: Obama se acercó ayer en el funeral de Mandela a estrechar por primera vez la mano de Raúl Castro, en una imagen no vista en décadas entre presidentes de Estados Unidos y Cuba. La imagen dio rápidamente la vuelta al mundo.

Fue un saludo breve pero cortés, y de un enorme simbolismo. Obama tendió la mano a Castro mientras se dirigía al estrado para pronunciar su discurso en homenaje a Mandela. El hermano menor de Fidel Castro aceptó el saludo y le sonrió. Ambos intercambiaron además unas pocas palabras.

Tanto la Casa Blanca como Castro restaron después importancia a lo ocurrido. Fue un "encuentro no planeado de antemano", dijo un alto funcionario norteamericano a la cadena CNN. "Normal, somos personas civilizadas", comentó Castro frente a la emisora colombiana La F.M. en Johannesburgo.

La foto, sin embargo, causó impresión. Washington y La Habana rompieron vínculos diplomáticos hace más de medio siglo tras el triunfo de la revolución de Fidel Castro, y mantienen una enconada enemistad ideológica desde entonces. Los mandatarios de ambos países no se han encontrado en décadas y se han evitado siempre en cumbres internacionales.

Sobre todo Estados Unidos prestaba atención a impedir imágenes que mostraran a un inquilino de la Casa Blanca cerca a los hermanos Castro, la "bestia negra" para los electores en Florida, donde vive una gran comunidad anticastrista de origen cubano. "Obama debió preguntarle a Castro ¿por qué aquella libertad profesada por Mandela le es negada a los cubanos?", cuestionó ayer el senador opositor de Florida, Marco Rubio.

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