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‘Simón Trinidad’, el jefe de las FARC detenido en Quito en enero del 2004, se ha convertido en uno de los cabos sueltos del proceso de paz que la mayor guerrilla de Colombia adelanta con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos.

Precisamente, la instalación formal de la mesa de diálogos, que se realizó en Oslo, Noruega, el jueves pasado, registró un gesto más que simbólico, según lo señalaron algunos medios colombianos. Ese día, de forma demostrativa, ‘Marco León Calarcá’, uno de los delegados del grupo subversivo, retiró el rótulo con su nombre y en su lugar colocó otro con el nombre de ‘Trinidad’.

El mismo jueves, el jefe del equipo de negociadores de las FARC, Luciano Marín, alias ‘Iván Márquez’, realizó igualmente una declaración sobre el tema. Señaló que considera imprescindible la participación del ex cabecilla guerrillero, quien purga en EE.UU. una condena de 60 años de prisión por el secuestro de tres ciudadanos estadounidenses.

Las presiones del grupo armado liderado por ‘Timochenko’ o ‘Timoleón Jiménez’, que trata de imponer la presencia de ‘Trinidad’ en las conversaciones de paz, tienen una serie de lecturas.

Así, el analista colombiano José Gregorio Hernández consideró que el grupo rebelde “ignora que el caso depende del Gobierno y de la Justicia de EE.UU.”, que deberá autorizar la eventual intervención del ex jefe rebelde en las negociaciones.

No obstante, el ex magistrado y ex presidente de la Corte Constitucional (CC) de Colombia precisó que el asunto aparece en un momento complejo de la vida política de Estados Unidos, en referencia a la carrera electoral por la Presidencia que está en curso en ese país. “Es un hecho claro que el presidente (Barack) Obama se encuentra en una campaña por la reelección y no creo que le sea favorable una decisión así. Le podría costar la reelección”.

El politólogo igualmente sostuvo que solo se ve probable “la presencia virtual” de ‘Trinidad’ en las negociaciones.

Aparte de la complejidad que implica el caso del ex miembro de la cúpula de la organización sediciosa, Hernández también señaló que existe un fuerte choque de posiciones entre las FARC y el Ejecutivo colombiano. Y detalló que “los líderes de la guerrilla no querrán pagar un día de cárcel”, por los crímenes de lesa humanidad que han cometido.

El observador colombiano Hassan Nassar catalogó el pulso de la organización subversiva por ‘Trinidad’ como una intención “para no llegar a la mesa con las manos vacías”.

El director del programa analítico ‘360 grados’, que transmite el canal bogotano Cablenoticias, adicionalmente comentó que, por fuera de la intervención o no del ex dirigente rebelde en la mesa de diálogos, hay otro tema que inquieta más a los colombianos. “Se trata del tipo de paz que se va a firmar entre el Gobierno y la guerrilla. Si es una paz con impunidad o una más justa”, dijo.

Nassar, además, detalló que el primer obstáculo que afronta el proceso de paz, a juzgar por lo sucedido en Oslo, se refiere a la utilización de la guerrilla “del mismo discurso de hace 50 años. La declaración del Caguán (de 1998) es igual a la de Oslo”.

La presencia de Juvenal Ovidio Ricardo Palmera, el verdadero nombre de ‘Trinidad’, en los diálogos que seguirán en La Habana, fue uno de los desencuentros registrados entre los negociadores del Ejecutivo de Santos y de la organización rebelde. En efecto, la cabeza de los representantes del Gobierno colombiano, Humberto de la Calle, había asegurado que el asunto del ex cabecilla rebelde “no está en discusión”.

Las tratativas continuarán en la capital de Cuba, a partir del 15 de noviembre, y la Casa Blanca no ha dado pistas en torno a si facilitará o no la presencia de Palmera.

Incluso, Roberta Jacobson, subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, declaró al diario bogotano El Tiempo que “ningún funcionario de EE.UU. va a confirmar o comentar por ahora sobre detalles que hacen parte de unas negociaciones que corresponden al Gobierno (colombiano)”.

Las FARC en la arena política

La incorporación de las FARC al juego político es una condición para la paz que no pasa necesariamente por la cárcel, pero todas las partes deben reconocer el daño causado a las víctimas, afirman analistas, tras la apertura de la negociación entre la guerrilla y el gobierno colombiano.

La participación política es uno de los  puntos de la agenda de  negociaciones, junto con el desarrollo agrario, el narcotráfico, el desarme y los derechos de las víctimas.   “Las FARC tienen que dejar las armas, hacer política y ganar las elecciones” para plantear su programa, afirmó el jefe de la delegación gubernamental, Humberto de la Calle.

Pero según analistas, el salto de las FARC a la palestra política es la única manera de enterrar el conflicto y no tiene por qué quedar para el final, pues puede hacerse a la par que se negocia.
“Crear un partido político o movimientos sociales  y que se integren lo antes posible (...) puede hacerse de forma paralela a la negociación”, dijo  Eduard Vinyamata, experto en conflictología.

Ese partido estaría integrado por miembros de la guerrilla que no estén acusados de delitos de sangre.  Y el Gobierno, por su lado, “ debe dar garantías de que cualquier partido político puede empezar a funcionar dentro de las instituciones ” sin correr peligro.

Descubren ‘refinería’

Tropas del Ejército     colombiano hallaron y destruyeron una “refinería” de las FARC en una zona selvática del departamento de Nariño, frontera suroeste con Ecuador, según los  militares.

Las tropas  recuperaron más de 37 000 litros de petróleo, extraído del oleoducto por   la cuadrilla Mariscal Antonio José de Sucre de las FARC. El Ejército halló una torre de destilación y decenas de metros de cable.

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