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La paciencia de los prestamistas internacionales se acaba y reclaman a Grecia grandes recortes. Pero muchos griegos ya no encuentran salida. La desesperación se extiende.

"Todos nos golpean, y es fácil hacerlo cuando el otro ya está en el suelo", dice Andreas Siontis, un psiquiatra de Tesalónica.

Mientras en los palacios presidenciales y en las oficinas de los políticos se decide sobre recortes de salarios y despidos, en las calles de los barrios pobres de Atenas se viven escenas que recuerdan a los años posteriores de la Segunda Guerra Mundial.

Jubilados sin recursos se agolpan tras el cierre de los mercados para recoger las verduras y frutas deshechadas mientras 250 000 personas ya dependen de la ayuda diaria de la iglesia y las ONG. Cientos más acuden a las organizaciones humanitarias para recibir atención sanitaria y medicamentos: al haber permanecido desempleados durante mucho tiempo ya no están asegurados.

La cifra de personas sin hogar asciende además a 20 .000 personas, una forma de pobreza poco habitual en Grecia en los últimos años. Según la prensa, un tercio perdió su casa como consecuencia de la crisis. Casi uno de cada dos jóvenes está sin empleo, así que abuelos, padres e hijos vuelven a vivir juntos para superar el bache.

Y así las cosas, la troika compuesta por expertos de la Unión Europea (UE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE) reclama salarios un 20 por ciento más bajos en el sector privado.

Consideran que en comparación otros países, los sueldos son demasiado elevados. En los barrios obreros de Atenas, Pireo, Patissia o Sepolia, la mitad de los edificios no ha comprado este año gasóleo para calefacción.

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La gente intenta calentarse con calefactores de aire que mantienen encendidos sólo durante algunas horas. Quienes tienen chimenea, hacen fuego, lo que ha contribuido a contaminar el aire ateniense. Algunos políticos y analistas profetizan ya el "hundimiento" de Grecia. Según muchos griegos, el empobrecimiento que han visto hasta ahora no será el final.

El presidente del instituto de trabajo del del sindicato GSEE Savvas Robolis denuncia que la troika quiera rebajar los ingresos de los griegos a los niveles de hace 20 o 40 años.

El griego de a pie perdió hace tiempo la confianza en la élite política. Los socialistas, que gobernaron el país hasta el pasado noviembre, están en caída libre, con solo entre un 11 y un 15 por ciento de apoyos. Los partidos más a la izquierda, que sueñan con la caída del capitalismo, cuentan ya con el apoyo de un 38 por ciento de la población.

Y tampoco les va mal a los conservadores. En la calle sigue habiendo manifestaciones pero muchos griegos se han resignado.

Sin embargo, si se sigue apretando el cinturón del ahorro, la situación podrían agravarse. Y si millones de personas decidieran salir a protestar, "sería el final de Grecia como lo conocemos hasta ahora", apunta un zapatero del barrio de Nea Smyrni.

Nueva jornada de protesta en Grecia por las medidas económicas

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