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El corredor fronterizo entre Colombia y Venezuela se ha convertido en una de las zonas más calientes del continente. Allí se ha preparado un explosivo coctel que incluye el contrabando de combustibles, el narcotráfico, el paramilitarismo, la retaguardia de las guerrillas colombianas y la operación de bandas criminales e incluso de los carteles mexicanos de la droga.

La frontera común, en la última década, fue escenario de más de 30 000 asesinatos. Y se transformó en “zona de guerra” y en enclave de ilegalidad e impunidad, para bandas criminales, paramilitares y guerrillas, que desarrollan múltiples actividades ilícitas.

Las inquietantes revelaciones en torno a la bomba de tiempo que constituye el linde de los dos países sudamericanos se incluyen en el libro ‘La frontera caliente entre Colombia y Venezuela’. Este es el resultado de la investigación de 18 meses por un equipo de trabajo de la ONG Corporación Nuevo Arco Iris, con sede en la capital colombiana, con el apoyo del Gobierno de Noruega.

El volumen de 534 páginas fue presentado la noche del miércoles en la Feria Internacional del Libro de Bogotá. León Valencia, director ejecutivo de la ONG colombiana, enfatizó que el propósito de la investigación es “alertar a las autoridades de ambos países” para que se frene “el derrame de sangre en la frontera, un fenómeno que se recrudeció desde el 2007”. Adicionalmente, aseguró que la institución que encabeza ha empezado un estudio de similares características y que tomará un año y medio, en la franja fronteriza entre Ecuador y Colombia. Los resultados estarán disponibles en el 2013 (ver entrevista).

¿Qué otros detalles reveladores proporciona el libro de Nuevo Arco Iris? Ariel Ávila, editor de la publicación, aseguró que en la franja fronteriza existe una fuerte presencia de ‘Los Rastrojos’, la banda criminal más poderosa de Colombia, que libra una guerra a muerte con ‘Los Urabeños’, el segundo grupo delincuencial.

Además, dijo que se detectó que allí se produjo un fortalecimiento de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que de alguna manera se alió en años anteriores con los militares colombianos para contrarrestar a las estructuras de las FARC.

Ávila, adicionalmente, señaló que la presencia de los grupos ilegales de Colombia en Venezuela es por una decisión controversial del Gobierno de Caracas en el 2004. Ese año se autorizó la cedulación (en realidad, nacionalización) de unos dos millones de colombianos y entre los favorecidos se incluyeron de forma dolosa miembros de los clanes delincuenciales, guerrillas, paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) testaferros y armados, que en particular se instalaron en el corredor fronterizo.

También concluyó que en la frontera colombo-venezolana hay “una reconfiguración de estructuras criminales” que no solo incluye a grupos armados de ambos países, sino que compromete a organizaciones de otros países, especialmente a los carteles mexicanos de la droga, como ‘Los Zetas’ y el Cartel de Sinaloa, que subcontratan a bandas locales.

Ávila, asimismo, advirtió que el contrabando de combustible es una de las actividades que más recursos generan para los grupos delincuenciales que operan en la frontera entre Colombia y Venezuela. “Este contrabando es más rentable que el tráfico de cocaína”, anotó en referencia a la comercialización ilegal de al menos un millón de barriles de gasolina cada año. Este filón representa para los clanes criminales un ingreso de unos USD 500 millones. Adicionalmente, se trafican drogas, armas y alimentos.

El editor del revelador libro, igualmente, resumió que en ambos lados de la porosa frontera de 2 200 kilómetros de extensión "los niveles de corrupción son muy altos" y esa realidad favorece la operación de las organizaciones al margen de la ley.

Entrevista

León Valencia / Analista colombiano

‘Las bandas criminales de Colombia no solo operan en la frontera con el Ecuador’

¿Qué motiva la investigación de Nuevo Arco Iris en la frontera Ecuador-Colombia?

Queremos ir a investigar la frontera independientemente. Y hacer trabajos más objetivos, más realistas de lo que ocurre. Y que esto sirva a los gobiernos de los dos países para que actúen de manera adecuada frente a los impacto del conflicto colombiano y del crimen organizado en la frontera. La idea es la de buscar puentes y actitudes concertadas entre los gobiernos. El principal propósito es avivar un debate sobre lo que allí ocurre y mostrar los daños que causa un problema de origen colombiano.

¿Cuándo terminará?

Iniciamos esa investigación y en un año y medio habrá resultados.

¿Qué aspectos se tendrán en cuenta?

Tenemos algunas preguntas. Una se refiere a si la guerrilla o el crimen organizado tienen más impacto en la frontera entre Colombia y Ecuador. Otra: ¿cuál es el grado de complicidad de actores oficiales de ambos países?

¿El estudio se hace porque hay evidencias de la operación de bandas criminales de Colombia no solo en la zona fronteriza con el Ecuador?

Claro que sí. Y lo que vemos es que en este caso no solo es la frontera, sino que hay una influencia del crimen organizado, más allá de la zona fronteriza con Ecuador, que incluye a Quito y Guayaquil.

¿A qué bandas criminales de Colombia se refiere?

A todos. Los Rastrojos tienen una presencia seria. Y hemos visto cómo el conjunto de bandas criminales o neoparamilitares de Colombia operan más allá de Ecuador, incluso en Bolivia.


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