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El secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, conversó con su homólogo chino, Yang Jiechi, para tratar su próximo viaje a China, el 13 de abril, y analizar el posible papel de Pekín para influir sobre "un cambio de curso" en las amenazas de Corea del Norte, indicó el Departamento de Estado.

"Será un aspecto fundamental de la diplomacia del secretario cuando esté en Pekín el ver qué más podemos hacer para captar la atención del liderazgo de Corea del Norte con el fin de que tomen un cambio de rumbo", aseguró ayer Victoria Nuland, portavoz del Departamento de Estado.

La gran esperanza para una solución civilizada en el caldero tridimensional de las coreas y EE.UU., ahora o después, es China. Y hay razones para creer en ello: Corea del Norte es un incómodo pero útil vecino para China, su histórico aliado comunista desde que Mao Zedong enviara a su Ejército para ayudar a Kim il-sung, abuelo del actual dictador, a combatir contra EE.UU. hace seis décadas.

De hecho, China está intranquila por la escalada del conflicto en la península coreana. "Los generales están muy preocupados", dijo una fuente no identificada, relacionada con altos mandos militares. Ante las amenazas de guerra lanzadas por el joven líder norcoreano Kim Jong-un y las fuertes tensiones, se teme que el menor incidente pueda desatar una confrontación armada y se incendie la situación. El temor a que un error de cálculo en el boca a boca desate una guerra fue mencionado también por el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, ayer.

"Para este caso existen planes", dijo, no obstante, una fuente a la agencia DPA en Pekín: "las fuerzas militares chinas deberían entonces tomar rápidamente el control de las instalaciones nucleares en Corea del Norte para evitar que ocurra algo peor. "Nadie duda del peligro de que en Corea del Norte pueda ocurrir algo como lo sucedido en (la central atómica japonesa de) Fukushima", advirtió.

A China le interesa, además, mantener al régimen estalinista de Kim porque supone un colchón de seguridad en la línea territorial del paraleo 38 y no sufrir una avalancha de hambrientos refugiados norcoreanos en la larga frontera que ambos países comparten.

"El régimen chino está cada vez más harto de las bravuconadas de Kim, como demuestra su apoyo a las sanciones de la ONU contra su último ensayo nuclear. Y aunque China ha aprovechado el desafío militar norcoreano para reforzar su papel mediador ante EE.UU., su influencia sobre el régimen de Pyongyang nunca ha sido determinante para lograr su desarme", dijo ayer el diario ABC de España.

Norcorea, de su parte, pretende fortalecer los vínculos económicos con Pekín, para afrontar su crisis alimentaria. De hecho, China ha sido uno de los subsidiadores.

Incuestionablemente, China es el único interlocutor que le queda a Corea del Norte y es su principal socio económico. El comercio entre ellos ha crecido hasta rozar los USD 6 000 millones en el 2012.

Inclusive, norcorea ha creado una oficina encargada de establecer una zona de libre comercio cerca de la frontera con China, según confió una fuente norcoreana a la agencia de noticias Yonhap.

Al parecer, la oficina se ubica en la isla de Hwanggumpyong, donde estarían trabajando un total de diez funcionarios, entre ellos un alto cargo del complejo industrial intercoreano de Kaesong. La presencia de este funcionario invita a pensar que Pyongyang pretende crear una infraestructura similar al parque industrial de Kaesong, que es el último vestigio de relación comercial entre las coreas.

Entretanto, Kim Heung-kyu, profesor de la Universidad Sungshin en Seúl y experto en relaciones entre China y Corea del Norte considera que la amenaza de guerra tiene como trasfondo cuestiones de política interior. "El nuevo líder norcoreano debe consolidar su poder en la élite dirigente", dijo.

Al igual que otros expertos, también Kim Heung-kyu considera improbable un gran ataque contra EE.UU. Pero el parlamentario alemán Manfred Grund, quien visitó recientemente Pyongyang, señaló que Corea del Norte está irritada con China y Corea del Sur, pero se altera con EE.UU.. La versión dominante es: "EE.UU. incitó al mundo y al Consejo de Seguridad de la ONU contra Corea del Norte".

"Allí tienen la sensación de que están frente a una guerra nuclear inminente", indicó Grund.

Ambiente beligerante

Corea del Norte  acercó un misil de prueba a sus costas, y amenazó nuevamente a EE.UU., en momentos en que el Pentágono anunciaba un próximo despliegue de una batería antimisiles en la isla de Guam, en el Pacífico.

Siguiendo la lógica  belicista, el Estado Mayor norcoreano dijo ayer que informaba oficialmente a Washington de que los estadounidenses serán "aplastados" utilizando "medios nucleares".

La 'Operación  sin compasión' de las fuerzas norcoreanas "ha sido definitivamente examinada y ratificada", precisó el mando militar de Kim Jong-un.

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