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El retorno de Honduras a la Organización de Estados Americanos (OEA) esta semana se da prácticamente por seguro después del regreso a Tegucigalpa del ex presidente Manuel Zelaya, en virtud del Acuerdo de Cartagena.

Sin embargo, para ONGs como el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), en las negociaciones se han quedado en el camino cuestiones clave en materia de reformas institucionales y de garantías de respeto de los derechos humanos.

Por ello, la reincorporación de Honduras a la OEA constituye un "muy mal mensaje" para toda la región, advirtió la directora ejecutiva de CEJIL, Viviana Krsticevic, en entrevista con la agencia dpa.

Ustedes firmaron junto a otras 19 ONGs una carta a la OEA donde se oponen al retorno de Honduras en estos momentos a la organización. ¿Por qué?

El Acuerdo de Cartagena implica algunos pasos significativos para la restitución de los derechos de Zelaya y de un grupo de sus colaboradores y en ese sentido lo saludamos.

Pero no consideramos que el acuerdo establezca las bases o permita sostener que se han revertido ni las consecuencias del golpe ni que se han generado garantías para la protección de la democracia en Honduras, por eso rechazamos un reingreso incondicional a la OEA.

Creemos que la reincorporación de Honduras a la OEA debería darse en la medida en que haya avances significativos en superar estas condiciones o situaciones que permitieron el golpe de Estado y que haya avances significativos en, de alguna manera, reparar y cesar algunas de las violaciones de derechos humanos, de hostigamientos que ocurren como consecuencia directa del golpe.

Eso entendemos que no ha ocurrido y creemos que por ello la OEA no debería incorporar a Honduras.

¿Es suficiente el acuerdo de Cartagena en materia de derechos humanos?

El Acuerdo es muy insatisfactorio en materia de derechos humanos. No reconoce las graves violaciones de derechos humanos que ocurrieron durante y como consecuencia del golpe.

Es lamentable. En la medida en la que no reconoce las violaciones como hechos ni que hubo un golpe de Estado, es muy difícil que se superen las consecuencias de un golpe que el propio acuerdo de alguna manera desdibuja.

Tampoco establece un compromiso ni un aval o impulso de investigar y sancionar a aquellos que participaron en la ruptura del orden constitucional.

Salvo Ecuador, ningún país parece tener ya objeciones al retorno de Honduras, ¿qué ha pasado?

Es difícil entender por qué una institución no se toma en serio los propios compromisos que adopta. La OEA dijo que estaba dispuesta a defender de manera vigorosa la democracia hondureña, establece una Comisión de Alto Nivel que hace una serie de recomendaciones, luego esas recomendaciones no se cumplen y sin embargo sigue adelante con la reincorporación.

Para nosotros, es incomprensible e inaceptable. Obviamente los países de la región quieren que Honduras vuelva a la OEA y que esa institución funcione con el pleno de sus miembros, pero nosotros entendemos que frente a un golpe de Estado, la OEA hizo bien en condenar e imponer una serie de condiciones que tienen que ver específicamente con el Estado de Derecho y con el goce de los derechos humanos que han quedado incumplidos.

¿Puede perjudicar el reingreso de Honduras en estas condiciones a la imagen de la OEA?

Sin duda. Esto deslegitima a la OEA de manera muy significativa porque la OEA condena verbalmente un golpe de Estado y luego no le da consecuencias significativas a esa condena sobre el tiempo.

Es un muy mal mensaje para la región, para muchos de los países de nuestra región que tienen situaciones de debilidad institucional en las que pueden ocurrir situaciones como las que tuvo que enfrentar Honduras, y es un caso que está siendo mirado con atención por mucha gente en nuestro hemisferio.

Lo que el caso hondureño demuestra es que uno puede hacer un golpe de Estado sin mayores consecuencias y cristalizar los beneficios del golpe de Estado para quienes lo perpetraron. Para nosotros, el reingreso incondicional de Honduras es un mensaje muy negativo tanto para Honduras como para la región en su conjunto.

¿Podría establecer un precedente?

Desde el punto de vista legal, o más casi político, el mensaje que está dando la OEA con un regreso incondicionado es un mensaje de complacencia con una serie de condiciones que permitieron el golpe de Estado, con unas consecuencias en derechos humanos muy graves.

Es un mensaje de falta de firmeza frente a las propias varas que la OEA se puso para medir el avance en la protección de derechos y el restablecimiento de la democracia en Honduras. Esto sin duda va a ser leído por una parte importante de los hondureños y muchas otras personas en la región como una dilución del compromiso de la OEA y de los Estados de la región con la defensa de la democracia.

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