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El papa Francisco, apóstol de una iglesia misionera y cercana a los pobres, llega este lunes a un Brasil sacudido por un creciente descontento social, en plena transformación religiosa. El papa argentino salió de Roma este lunes. Fiel a su reputación de sencillez, llegó al avión cargando él mismo su equipaje de mano, un gran maletín negro.

"Llego a Río en unas horas y mi corazón está lleno de gozo porque dentro de poco estaré con ustedes para celebrar la XXVIII JMJ", las Jornadas Mundiales de la Juventud, escribió el papa en un tuit en español antes de emprender el viaje.

El papa Francisco presidirá estas jornadas, que se celebrarán del 23 al 28 de julio y a la que se espera asistan cerca de 1,5 millones de personas, en su primer viaje a la región donde nació y vivió casi toda su vida.

En Río, ya han empezado a llegar monjas y sacerdotes de largos hábitos y peregrinos con camisetas y mochilas con los colores de la bandera brasileña.

Francisco, que defiende una Iglesia austera, cercana a los pobres y al pueblo, ha intensificado su agenda ante el anuncio de varias protestas durante su visita, insistiendo en pasearse por el centro de Río en un papamóvil descubierto inmediatamente después de su llegada, prevista para las 16:00 locales (19:00 GMT y 14:00 de Ecuador).

Río de Janeiro está listo para las JMJ

Hoy, 22 de julio, llega a Brasil el papa Francisco para participar en la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud. Tanto los participantes como el escenario en Copacabana esperan la primera intervención del Pontíficie.

El papa Francisco pide un futuro para los jóvenes del mundo

 El papa Francisco pidió hoy un futuro para los jóvenes del mundo, que no pueden ser víctimas de la crisis económica, dijo durante el vuelo que lo llevaba de Roma a Río de Janeiro, donde encabezará la Jornada Mundial de la Juventud. El pontífice considera que sería una injusticia privar a los jóvenes de la pertenencia a un país, cultura o una familia.

"Sin embargo existe el peligro de que debido a la crisis toda una generación se quede sin trabajo". Y del trabajo depende la dignidad de una persona, advirtió citado por medios italianos.

Al mismo tiempo, el líder de la Iglesia católica pidió asimismo que los más mayores sean integrados en las sociedades, pues también ellos deben pertenecer al futuro.

El papa Francisco volvió a defender una sociedad que no excluya a nadie, en declaraciones en su primer viaje como papa al extranjero. En el vuelo de unas 12 horas, Francisco, de 76 años, saludó a cada uno de los en torno a 70 periodistas que lo acompañaban en el avión, según medios italianos. Sin embargo, al contrario que su predecesor Benedicto XVI, renunció a dar una pequeña rueda de prensa durante el vuelo.

El Vaticano asegura que el pontífice no está preocupado por las protestas y los expertos señalan que su discurso de reforma de una Iglesia en crisis, contra el derroche y en defensa de los más desposeídos, está en sintonía con el de los manifestantes. El operativo de seguridad, no obstante, contará con unos 30 000 militares y policías.

Favela, adictos y Aparecida

En sus siete días en Brasil, el primer papa latinoamericano, de 76 años, hará un discurso multitudinario en la playa de Copacabana, visitará una pequeña y gris favela de Río y también Aparecida, el mayor santuario católico de Brasil, se reunirá con presos, con adictos al crack, con los astros del fútbol brasileño Pelé, Neymar y Zico y con miles de peregrinos.

Durante su reunión en la noche con la presidenta Dilma Rousseff en el palacio Guanabara, el grupo Anonymous Rio ha convocado vía redes sociales una protesta contra los USD 53 millones que cuestan a contribuyentes brasileños su visita y la JMJ, mientras los ateos protestarán por el mismo motivo y han llamado a un "desbautismo" colectivo.

El hartazgo con la corrupción arraigada en la clase política y la pésima calidad del transporte, la salud y la educación públicos mientras se gastan millones en estadios para el Mundial de fútbol 2014, llevaron a más de un millón de brasileños -sobre todo jóvenes de clase media- a protestar en las calles en junio, en plena disputa de la Copa Confederaciones.

Las protestas terminaron muchas veces en enfrentamientos violentos con la policía y saqueos y destrozos, la última de ellas el jueves pasado en Leblon e Ipanema, dos de los barrios más ricos de Río de Janeiro.

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