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Entre improvisaciones y baños de multitud que pondrán a prueba a los servicios de seguridad, el papa Francisco quiere imponer un nuevo sello en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Río.

Dos millones de peregrinos de todo el mundo estarán hasta el 28 de julio durante la Jornada. La reunión marcará el esperado encuentro del papa Francisco con Latinoamérica.

En plena celebración del carnaval, a los brasileños les cayó un baldazo de agua fría desde el Vaticano. La renuncia de Benedicto XVI dejó a los organizadores de la JMJ en Río de Janeiro con los carteles hechos y con una agenda preparada especialmente para las limitaciones físicas de un Pontífice de 85 años.

¿Vendrá el nuevo? Era la pregunta lógica que encontró rápida respuesta cuando el propio Francisco confirmó su visita. "Aguardo con alegría el próximo mes de julio en Río de Janeiro. Os doy cita en aquella gran ciudad", señaló durante su homilía del Domingo de Ramos y luego 'tuiteó' esa frase a través de la cuenta @Pontifex.

Al igual que su antecesor, el Papa argentino escogió la JMJ como primer destino fuera de Roma. Si en el 2005 Benedicto XVI se estrenó como viajero en Colonia (Alemania), su tierra natal, Francisco estará desde hoy en una reunión que marcará su reencuentro con Latinoamérica y su única salida al extranjero durante el 2013.

Repotenciación de la fe
En realidad, esta jornada mundial se debió celebrar en el 2014, pero se adelantó un año para evitar que coincida con el Mundial de Fútbol que se realizará en Brasil, la nación que cuenta con el mayor número de católicos del mundo: 143,6 millones de fieles, cerca del 74% de su población.

Por más impresionante que sea la cifra, lo cierto es que muchos están migrando al credo evangélico, donde las iglesias crecen al ritmo de la economía del país.

Según la BBC, en 1991 el 9% de brasileños eran evangélicos. Hoy llegan al 20%.

¿Cuánto dinero generan? Mario René, profesor de ciencias del consumo de la Escuela Superior de Publicidad y Marketing le dijo a la cadena británica que solo en productos orientados a consumidores cristianos la cifra alcanza unos USD 7 000 millones al año.

Hasta la producción de libros religiosos (aquí también se incluye a los católicos, pero la mayor parte del mercado la tienen los evangélicos) se incrementó en 29,2% del 2009 al 2010, según la Cámara Brasileña del Libro.

Esta expansión ha causado, según el censo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística del 2010, una disminución de fieles católicos del 10% durante la primera década de este siglo.

Por todo ello, no sorprende que el obispo emérito de Washington, Theodore McCarrick haya dicho que el viaje de Francisco es clave para frenar este avance no solo en ese país sino en toda América Latina. "En Brasil el Papa hará ver a sus ciudadanos la importancia de la Iglesia Católica allí y lo hará con entusiasmo, dirigiéndose directamente a las personas, haciéndoles ver que no existe una diferencia esencial entre esa confesión y la evangélica".

Pero está claro que la prioridad del Papa durante el encuentro serán los jóvenes. Se calcula que dos millones de peregrinos de todo el mundo se hallan en Río de Janeiro.

Ahí se hospedan en parroquias, colegios, universidades, gimnasios, hasta en escuelas de samba. Y cuando decimos de todo el mundo no estamos exagerando.

Durante la última JMJ, realizada el año 2011 en Madrid, llegaron creyentes de 193 países, incluidos 6 jóvenes de Irán, 16 de Mongolia, 88 de Arabia Saudí, 81 de Botsuana y 100 de Pakistán.

Para Río estaban inscritos 700 peregrinos de Angola y 458 del Líbano, cifra que sorprende por venir de una nación que apenas tiene más de un millón de católicos.

También trascendió que esta vez arribarán jóvenes de 163 países, menos que las 193 nacionalidades que llegaron a Madrid.

La razón probablemente esté en la crisis económica que sacude Europa. Pero los que sí llegaron y en gran número son los argentinos.

Constituyen el segundo grupo más grande después de los brasileños: 20 000 acuden al encuentro de quien hace apenas 100 días era aquel cardenal a quien no le gustaba que lo llamaran como tal y solo pedía que le dijeran: padre Jorge.

La esperanza del Papa
La historia de las jornadas se remonta al Domingo de Ramos de 1984. En ese entonces, Juan Pablo II lanzó una invitación al Jubileo Internacional de la Juventud sin imaginarse que alrededor de 300 000 jóvenes aparecerían en la plaza de San Pedro.

"¡Qué espectáculo tan magnífico verlos a todos aquí hoy! ¿Quién dijo que los jóvenes de hoy en día habían perdido sus valores? ¿Quién dice que ya no se puede contar con ellos?", dijo el Papa y, llevado por la emoción, confió a los muchachos una enorme cruz de madera que hoy es el símbolo de las jornadas.

Cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró 1985 Año Internacional de la Juventud, el Pontífice polaco vio la oportunidad perfecta para llamar a un nuevo encuentro. Esa vez, 250 mil jóvenes llegaron a Roma. Ante tal capacidad de convocatoria, el Papa decidió instaurar esas jornadas de forma definitiva.

Desde entonces, cada dos años se organiza este encuentro en algún lugar del globo y en los otros años se celebra en Roma.

Lo que empezó como un simple llamado, en la actualidad se constitute en el encuentro internacional más importante y masivo de la Iglesia Católica.

Sin duda esta fue la creación emblemática de Juan Pablo II, quien desde el primer día calificó a los jóvenes como "la esperanza del Papa, la esperanza de la Iglesia".

El Papa polaco, a quien muchos llamaban "el anciano más joven del mundo", dejó en el libro Cruzando el umbral de la esperanzasu definición de juventud: "No es solo un período de vida correspondiente a un determinado número de años, sino que es, a la vez, un tiempo dado por la Providencia a cada hombre, tiempo que se le ha dado como tarea, durante el cual busca, como el joven del Evangelio, la respuesta a las interrogantes fundamentales. No solo el sentido de la vida, sino también un plan concreto para comenzar a construir su vida. Esta es la característica esencial de la juventud".

Hoy, el papa Francisco parece mantener el mismo interés evangelizador. No solo les dedica varios minutos en sus homilías sino también en Twitter. "Queridos jóvenes, no enterréis vuestros talentos, los dones que Dios os ha regalado. No tengáis miedo de soñar cosas grandes", escribió el 26 de abril.

Su más reciente intervención llegó en un encuentro con estudiantes jesuitas de Italia y de Albania. A ellos les pidió tomar en cuenta dos grandes valores humanos: la libertad y el servicio.

El nuevo estilo
Uno de los grandes símbolos de la JMJ, el papamóvil panorámico, se ha quedado en el garaje. El Papa no usará el papamóvil blindado de su predecesor.

Un 'jeep' blanco Mercedes, el que usa cada semana en la plaza San Pedro, y otro jeep verde, de reserva, están en Río.

El papa Francisco también ha pedido poco despliegue de militares y policías en los actos.

El programa de la visita añadirá elementos algo densos. Por ejemplo, el papa Francisco se reunirá con exdrogadictos y prisioneros y se desplazará a una favela de Río de Janeiro.

14 000 militares es el contingente humano que resguardará la seguridad del Papa durante su estadía en Brasil.

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