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Al igual que otras ciudades que buscan salidas a los crecientes problemas de movilidad, Bogotá se embarca en el programa de las 'bicicletas públicas'. Una tendencia que recorre el mundo, se ha puesto en marcha en 493 urbes, entre ellas París, Londres, y Ciudad de México, y que el mes pasado se estrenó en Nueva York.

El tramo peatonal de la Carrera Séptima, entre la Plaza de Bolívar y la Calle 24, en pleno centro de esta capital, es el punto de partida de una iniciativa que echó a andar en mayo pasado.

Para la primera fase se disponen de 382 bicicletas pintadas de blanco y amarillo con el logo de Bogotá Humana, el lema acuñado por el burgomaestre local, Gustavo Petro. El esquema fue afinado por el Instituto de Recreación y Deportes (IDRD) y la Secretaría de Cultura de la Alcaldía Mayor de Bogotá. En una segunda etapa se crearán cuatro 'bicicorredores'.

Javier Suárez Alonso, director del IDRD, detalló que las bicicletas fueron diseñadas con el apoyo de universidades, y el programa EnCicla de Medellín. Precisamente, esta última ciudad fue la pionera en Colombia, en octubre del 2011, del primer programa de esta naturaleza. Allí se hace un promedio de 800 préstamos diarios.

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¿Y cómo se consigue una bici en préstamo? Sandra Bernal, uno de los 1 200 usuarios que en promedio se registran cada día, señaló los pasos a seguir. Primero, es necesario inscribirse en la página electrónica del IDRD, en la cual se consignan datos personales. En un término de no más de 48 horas, la información es verificada y el interesado, entonces, puede acudir a una de las tres estaciones ubicadas a lo largo de la Carrera Séptima, para recoger su bici, con la presentación de su documento de identidad y sin un pago de por medio. El servicio opera entre las 08:00 y 18:00, de lunes a sábado. Y si no se tiene acceso a Internet, el registro se puede hacer en una de las estaciones.

Para desalentar posibles perjuicios al sistema, el IDRD ha advertido de las medidas de seguridad que lo rodean. Así, un sistema de seguimiento satelital cobija a todas las bicicletas, que posibilita determinar la ubicación de los aparatos. Sus piezas no son comerciales. En esta capital se realizan 450 000 viajes diarios en estos vehículos a través de 376 km de ciclorrutas.

París es la cuna

Los parisinos se tomaron a burla a su alcalde, Bertrand Delanoë, cuando a éste se le ocurrió la creación de un sistema público de alquiler de bicicletas, destinado a reducir el tránsito vehicular de la capital francesa. El servicio fue bautizado como Vélib', por "vélo" (bicicleta, en francés coloquial), y liberté. En los primeros meses de servicio los escépticos burlones parecían tener razón.

Mientras la mayoría de los parisienses desdeñaban las pesadas bicicletas públicas, de 23 kilogramos, otros las destruían o las robaban. Durante el primer año, 8 000 rodados de Vélib' desaparecieron y otros 16 000 fueron vandalizados.

Otros inconvenientes desalentaban el ciclismo urbano cotidiano: la exigencia del abono, el precio elevado del servicio, el esfuerzo físico que produce en verano efectos secundarios indeseables y el tráfico de París, temido por su riesgo.

Y, sin embargo, cuando Vélib' celebró su primer quinquenio también festejó un éxito innegable: en cinco años, 138 millones de personas utilizaron las 23 000 bicicletas de alquiler y el sistema dispone de 225 000 abonados en una población urbana de 2,3 millones.

El sistema también ha ganado adherentes: 31 comunidades del entorno de París se han asociado a Vélib', que sirve de modelo para otras 34 ciudades francesas.

Según cifras oficiales, los parisienses realizan a diario 200 000 trayectos en bicicleta propia. En total, la cantidad de estos rodados en París aumentó 41% desde 2007. Y al mismo tiempo el tránsito automotriz se redujo en 25 %.

Cada vez hay más ciudades en el mundo que descubren las ventajas del sistema de bicis compartidas.

El fenómeno ocurre también en Huangzhou, China, que alberga el segundo sistema de bicicletas compartidas más grande del mundo tras el de Wuhan, al este del país. Sus cifras hacen que el Vélib' parisiense parezca insignificante: 60 000 bicicletas en 2 500 estaciones, muchas de las cuales se han integrado en la red de transporte público. Cerca de 250 000 personas en esta metrópoli de 6,7 millones de habitantes utilizan la bicicleta a diario, aprovechando que la primera hora de uso es gratis para los residentes y visitantes.

También hay otros casos interesantes: En Amsterdam, por ejemplo, más del 40% de los movimientos de tráfico se realizan en bicicletas. Igualmente, Copenhague, en Dinamarca, no pone como excusa el frío para coger la bici y Boulder, en Colorado, EE.UU., no solamente que impulsa programas públicos y cursillos para promocionar su uso.

A su vez, Sandnes, en Noruega, fue una ciudad piloto para un programa guberamental que pretendía reducir el tráfico a motor en el país y lo consiguió.

Sevilla, Ciudad de México, Melbourne, Washington, Tel Aviv, Montreal, Londres, Portland, Trondheim, San Francisco, Berlín, Barcelona, Basilea, Quito, entre otras decenas de urbes que replican con éxito el sistema.

Los datos

Los sistemas. Las bicicletas en libre servicio pasaron a la lista de infraestructuras modernas globalizadas.

El impacto. Los programas están disgregados en más de 125 ciudades de todo el mundo.

El mercado. El que era un espacio aislado de experimentación pasó a ser un inmenso mercado global con poderosas multinacionales reclamando liderazgo.

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