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En esta época de propaganda oficial que bombardea a los ciudadanos con un tema al que luego se sobrepone otro, no hay que olvidarse de las distorsiones económicas. Aunque hoy exista gran liquidez para el gasto y el consumo y la mayoría esté feliz, eso no puede ser eterno. Más todavía cuando a pesar de las enormes disponibilidades y capacidad adquisitiva que se tiene no existe ahorro.

Para unos casos propuestos el ahorro sirve, pero para otros no importa el gasto desmesurado. Cierto es que han existido necesidades represadas por décadas por abandono del Estado y las administraciones de turno, pero tiene su límite, de manera especial enseñar responsabilidad y educación financiera ciudadana.

Aunque no se reconozca oficialmente, existen varias obras que sí han destacado los medios en lo social y que constituyen una loable inversión en sectores básicos: la salud y la educación pública, la vialidad, la ejecución de grandes proyectos de desarrollo (Baba), la agilización de procesos en la entrega de documentos fundamentales como la cédula de ciudadanía y las licencias de conducir. La destacada recaudación de impuestos, entre otros.

Lo que debe abordarse sin temores, hoy que se entiende que no estamos en campaña electoral, se relaciona con la pesada carga de los subsidios. Conforme pasa el tiempo se destinan más recursos para este fin, lo que constituye una distorsión en la economía, que benefician mayoritariamente a los que más tienen. Eso se ha reconocido en el ámbito público y privado, pero no hay correctivos.

Los subsidios a los pobres se justifican, aunque deben ser temporales, pero otros constituyen una carga pesada para el Fisco como los aplicados a la comercialización interna de las gasolinas y el gas de uso doméstico. Según datos del Ministerio de Finanzas (publicados en EL COMERCIO, 6 de junio-13), el rubro de subsidios sube en forma preocupante año tras año. El 2012 fue de 4 485 millones de dólares y el 2013 se proyecta gastar 5 885 millones de dólares.

Lo mínimo que debiera haber es un debate nacional para escuchar a los diferentes sectores y analizar el impacto de los subsidios. Explicar ampliamente para que se entienda la realidad y no se siga con oposiciones politiqueras o imposiciones del poder que solo enarbolan la defensa de la continuidad en lugar de buscar una mejor redistribución de los recursos, tan necesarios en el país.

Uno de los reclamos justos constituye la necesidad de contar con más recursos para la obra social, que ha sido priorizada, pero hay que generarlos. La búsqueda de las fuentes de financiamiento no debe ser más endeudamiento público externo o interno, el uso de fondos del IESS ni más impuestos. Hay que optimizar lo que se tiene, ser más productivos y extremadamente cuidadosos y rigurosos con la calidad del gasto.

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