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Los últimos procesos políticos en América Latina han dejado varias lecciones a propios y ajenos. El más notorio, por reciente, quizá es la caída en picada del kirchnerismo luego de la pasada elección. Hace dos años, cuando la actual Presidenta se alzaba con un triunfo inobjetable, el 54% de los votantes la habían reelegido, sus partidarios empezaron a hablar de "Cristina eterna". En el horizonte no había otro escenario posible que la continuidad de ese Régimen; y, sus aliados en el Congreso empezaron a realizar las cuentas para ver si alcanzaban los votos para una hipotética reforma constitucional, a fin de permitir la reelección indefinida. En un plazo relativamente corto los humores políticos han cambiado de tal forma que, hoy en día, lo único que parece cierto es que el período de los esposos que se alternaron en el Gobierno argentino, está llegando a su fin. No alcanzaron a realizar la reforma cuando estaban en el apogeo de aceptación y ahora los vientos soplan en su contra. A los chavistas les fue mejor. Apenas falleció su caudillo impulsaron un proceso electoral salpicado de irregularidades, que les permitió imponer al sucesor designado por el líder ausente. Un poco más y perdían las elecciones, pese a todo el aparato estatal y los recursos gubernamentales trabajando en su beneficio. Lo hicieron justo a tiempo.

Parece evidente que el respaldo a un modelo político o a la persona que lo lidera responde a una conjunción de factores que confluyen en un determinado momento, en ocasiones incluso por fuerza del azar, sin que nadie pueda asegurar que se mantendrán en el tiempo. Así, con la fuerza que aparecieron, en otro momento ya no pueden estar más. De ahí que las decisiones de los que actúan en política tienen que tomarse cuando su aceptación está al alza, previendo cualquier complicación que puede desmoronar al proyecto en el futuro.

En esas condiciones, lanzar un globo de ensayo que sitúe en el debate un tema tan delicado como la reelección, es una acción política coherente con los objetivos de un Gobierno que consideraría mantenerse en el poder, más allá del actual período. La reforma constitucional les es necesaria, por cuanto la única figura que les garantiza éxito electoral es el actual Mandatario. El movimiento político en el poder no tiene asegurada su permanencia si su principal líder no participa en los procesos eleccionarios.

Lo que no es apropiado es que se juzgue a la prensa en forma generalizada de esgrimir una doble moral, porque supuestamente en unos casos apoya la reelección y en otros no. La reelección indefinida en cualquier ámbito, políticos, culturales, deportivos, gremiales es lo más pernicioso para un verdadero Régimen democrático. La alternancia es esencial para poder hablar de una verdadera libertad de elección. Quienes se presenten a los comicios lo harán de conformidad con el Régimen legal vigente. Esas fueron las reglas aprobadas en Montecristi.

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