Los líderes de Silicon Valley se lo tomaron como algo personal. Porque precisamente la globalización y la inmigración son el fundamento sobre el que se levantó Silicon Valley.

Los líderes de Silicon Valley se tomaron la reforma migratoria como algo personal. Porque precisamente la globalización y la inmigración son el fundamento sobre el que se levantó Silicon Valley. Foto: Wikicommons

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El sector tecnológico contra las políticas de Donald Trump

Agencia DPA

Lauren trabaja en una gran empresa tecnológica en la bahía de San Francisco. Y es feminista. El 28 de enero, un día después de que el presidente estadounidense Donald Trump prohibiera entrar al país a todos los refugiados y a los ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, dijo basta. Y creó, en la conocida plataforma Meetup, el grupo Women in Tech against Trump (Mujeres de la tecnología contra Trump).

Y es que el decreto de Trump sacudió con fuerza al sector. Recientemente, 130 conocidas marcas, entre ellas Apple, Facebook, Microsoft, Google y Uber, se unieron para apoyar una demanda legal contra el veto, alegando que viola las leyes migratorias y la Constitución.

Los líderes de Silicon Valley se lo tomaron como algo personal. Porque precisamente la globalización y la inmigración son el fundamento sobre el que se levantó Silicon Valley. Steve Jobs era hijo de un inmigrante sirio y Serguei Brin, fundador de Google, llegó a Estados Unidos con sus padres siendo refugiados de la antigua Unión Soviética.

La mitad de todas las startups estadounidenses de valor menor a los mil millones de euros fueron fundadas por inmigrantes. Además, en Cupertino, donde tiene su sede Apple, uno de cada dos habitantes nació en el extranjero. En la sede central de Google en Mountain View en California, unos 1 000 empleados protestaron contra el veto de Trump con pancartas que decían:"Un Google, un mundo" o "La tecnología no conoce muros". La mayoría de grandes empresas ofrecen asesoría jurídica a los trabajadores afectados.

Pero sobre todo para las startups más jóvenes, la incertidumbre en torno a los visados supone un problema existencial. Husayn Kassai, con doble nacionalidad británico-iraní y nacido en Manchester, llegó a Sillycon Valley hace un año con su empresa Onfido para expandirse en Estados Unidos. "Mi cofundador es iraquí y está asentado en Londres. No sabemos si podrá venir próximamente. Pero lo necesito aquí por el negocio".

El propio Kassai tiene que viajar también urgentemente a México y Australia por negocios, pero no se atreve a salir de Estados Unidos. "Las normas han cambiado en un abrir y cerrar de ojos. ¿Quién dice que no puede volver a ocurrir? Sólo volaré si sé con seguridad que podré volver a entrar" a Estados Unidos.

Entretanto ha creado diez puestos de trabajo en Estados Unidos y quiere seguir creciendo. "Pero si los fundadores no pueden moverse, no pueden dirigir su empresa", alega Kassai. Pero la situación puede volverse aún más dramática:el Gobierno estadounidense ha anunciado que también analizará la concesión de las visas llamada H-1B, las más habituales, que permiten a las empresas tecnológicas contratar en Estados Unidos a trabajadores de otros países.

Y es que esa prohibición sería un golpe mortal para Silicon Valley. Empresas como Twitter, Airbnb o Amazon dependen de expertos de software de todo el mundo, que necesitan permiso de trabajo y residencia en Estados Unidos.

Desde hace días, abogados como Gali Gordon en San Francisco, especializado en derecho migratorio, se ven bombardeados con mails y llamadas del sector tecnológico. "Todos aquí están muy alarmados", señala. "Las empresas temen, y con razón, que pueda resultarles más difícil contratar a talentos extranjeros".

Gordon teme que la actitud de Trump hacia los extranjeros pueda cambiar Silicon Valley para siempre:"Esos obstáculos legales llevarán a que las empresas tecnológicas se decidan por países más aptos para hacer negocios, lo que podría dañar masivamente la dinámica del Valley".

El director ejecutivo de Tesla, Elon Musk, asesor de economía del equipo de Trump, espera en lo posible hacer cambiar de opinión al presidente. "Entiendo que muchos estén en contra de que participe en estas reuniones. Pero creo que en estos momentos es más útil poder involucrarse en cuestiones críticas".

Otros, sin embargo, no comparten esta opinión, como Jonathan Nelson, de Hackers/Founders, la mayor asociación de fundadores del mundo con 200 000 miembros. "Tengo esperanza cero en que Trump pueda dar un giro de alguna manera. Creo que simplemente no entiende nada de Silicon Valley".

El grupo de mujeres del sector tecnológico contra Trump celebrará su primera reunión el 20 de febrero, coincidiendo con un día festivo nacional, precisamente el President's Day o Día del Presidente. "Precisamente nosotras las mujeres debemos levantar nuestra voz contra todos estos mensajes de odio a las minorías que envía Donald Trump. Queremos ser políticamente activas y no sólo a nivel nacional sino también concretamente aquí en Silicon Valley", dijo Lauren.

Una de las primeras en apuntarse ha sido Michele Coleman, analista de datos de San José. Nunca antes se había involucrado en política, pero un "fascismo" así en expansión le da tanto miedo que ya no puede dormir por las noches, asegura. "Tengo a muchos compañeros afectados. No sé qué, pero tengo que hacer algo", afirma. "Aquí en Silicon Valley necesitamos a toda esta gente del extranjero, pues son claves para nuestra industria".