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Fue Octavio Paz quien bautizó de 'Ogro filantrópico' a ese Estado que, a pesar de sus buenas intenciones -dar salud, educación, vivienda, transporte, vestido y alimentación gratuitos o de bajo costo-, siempre se convierte en un monstruo burocrático que se olvida de los pobres y termina devorando los recursos públicos para su propio beneficio.

El Estado ecuatoriano se ha convertido en uno de esos ogros descritos por el escritor mexicano: desde 2007 hasta acá, el gasto público se ha multiplicado por tres, hasta consumir un tercio de todo lo que se estima producir en el país. (Las autoridades cambiaron el cálculo del PIB y, en consecuencia, su valor subió. Antes de ese cambio, el gasto público equivalía a la mitad de toda la producción local).

¿Qué hay de malo en que el Estado gaste agresivamente y sea el único promotor de la economía?, se preguntarán algunos. Pues que ese modelo no es sostenible porque requiere que el sector público se endeude cada vez más y, como sabemos, no hay país o institución que nos vaya a prestar dinero ilimitadamente.

Cuando no haya nadie que nos preste, el ogro deberá hacer dieta forzosamente. Esto significará recortes del gasto y aumento de tarifas e impuestos. Los gastos que se cortarán más fácilmente serán los de inversión porque no tienen un alto costo político como los despidos de empleados públicos, la eliminación de bonos o la subida del IVA o las gasolinas.

Sin inversión pública -y sin inversión privada que la reemplace- el aparato productivo se irá achicando hasta entrar en recesión. Recesión significa desempleo y esto último produce marginación y pobreza. En eso quedan, típicamente, los deseos filantrópicos del ogro manirroto y derrochador.

Para que puedan hacerse una idea de la magnitud del problema, baste señalar que la necesidad de financiamiento público es de 5 000 millones de dólares para este año. Esto significa que nuestra deuda externa subiría en 40% de un solo plumazo.

Tener más deuda con el exterior nos hará más vulnerables a subidas de las tasas de interés porque encarecerán el servicio de esa deuda y pondrán más presiones sobre la frágil balanza de pagos ecuatoriana. Y adivinen qué: una subida de tasas es precisamente lo que va a suceder. La Reserva Federal lo anunció hace pocos días.

El Ogro Filantrópico creado por el Gobierno padece de indigestión. Para curarlo, las autoridades deberían hacer dos cosas: reducir sus gastos corrientes (solo los sueldos del sector público se comen todo el Impuesto a la Renta y el IVA que pagamos los ecuatorianos); y promover la inversión privada.

Estas dos medidas reducirán nuestra necesidad de endeudamiento público y evitarán que el Ogro se infarte por devorar tanto fondo público.

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