‘En la fotografía hay un lenguaje’
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‘Entre Marx y una mujer desnuda’ fue el primer filme ecuatoriano en el que trabajó el director de fotografía Daniel Andrade. No lo hizo bajo ese cargo, lo hizo como pasante, llevando luces.
En esa ocasión, Andrade, nacido en 1973, conoció a personajes como Germán Valverde. “Es gente que ahora trabaja conmigo”, dice. Y recuerda que en ese entonces, le daban “palo”. “¿Ahora usted se desquita?”. Se ríe efusivamente y responde: no.
La película se estrenó en 1996 y en ese tiempo Andrade estudiaba video y fotografía fija en la Universidad San Francisco de Quito. Para 1999 se fue a estudiar en el American Film Institute, en Los Ángeles, California.
Pero antes de eso, entre 1993 y 1994, Víctor Arregui lo conoció. El director de películas como ‘Fuera de juego’ (2003) y ‘Cuando me toque a mí’ (2008) señala que lo conoció muy joven, mientras filmaban un cortometraje dirigido por Juan Martín Cueva, ‘Tres en raya’.
Lo evoca con el cabello recogido, sentado sobre una pila de maderas “viendo el mundo pasar”. Ya con los años, cuando juntos trabajaron en la cinta ‘Cuando me toque a mí’, Arregui recuerda que los aportes de Andrade en la lectura del guión fueron coherentes y apoyaron mucho a la historia. “Luego de su aporte estético y técnico en fotografía, ayudó, sin tomar protagonismo, en otras áreas como en arte”, refiere el director.
Para Andrade, la fotografía no es solo la técnica, es decir, no es solo las cámaras o los últimos objetos de tecnología; para él, en la fotografía existe narrativa y un proceso de lenguaje que es más importante.
Los procesos creativos que se entablaban entre los dos, en principio, dice Arregui, sonriente, fueron acompañados por unas cervezas. Ya más serio, el cineasta de cabello cano está seguro que los dos siempre supieron escucharse, “eso permite una comunicación y un respeto al otro, que da lugar a un proceso de creación honesto”. Arregui está seguro que trabajaría otra vez con Andrade. “Aprendo mucho de él”, sostiene.
Una tarde de jueves, Quito soportó uno de los aguaceros infaltables de octubre. En la casa de Andrade, cerca al Hotel Quito, hay una suerte de orden en el desorden; se ven pequeños jardines internos y en su estudio hay libros y una pared tiene decenas de pequeños afiches.
Los implementos que usó en ‘Tres’, la segunda película que codirigió junto con su esposa Anahí Hoeneisen, están desperdigados. Los objetos parecerían viejos. ‘Tres’ es un filme que va al pasado y necesitaba ambientación y para eso se adquirieron esas cosas de pinta ochentera, paraguas, teléfonos de rodela...
En un cuarto hay una vasta variedad del vestuario. Faldas, vestidos y abrigos cuelgan de un tubo. El director de fotografía mira estos elementos y dice que lo más probable es que los venda.
El primer largometraje ecuatoriano en el que trabajó al llegar de EE.UU. fue: ‘1809-1810 mientras llega el día’, del director Camilo Luzuriaga.
“Es workahólico”, dice tajante Luzuriaga. Ese término es el que le queda a la talla a Andrade, según el cineasta, porque es adicto al trabajo. Uno de los aportes que a Luzuriaga le llegó de Andrade fue rodaran el filme con cámara al hombro. Pero Andrade no lo recuerda, suelta una sonrisa larga cuando vuelve a su mente ese hecho. “Cierto que yo se lo dije”, y otra vez ríe.


