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El desarrollo del cine nacional no solo debe validarse con el incremento de producciones. También debe ser evaluado con la profesionalización de procesos específicos que demanda el cine.

El soporte digital se impone sobre el fílmico y el formato estándar de proyección, en todas las salas, es el DCP (Paquete de Cine Digital, por sus siglas en inglés).

Cualquier productor ecuatoriano que buscaba convertir su película a este soporte debía salir a casas de posproducción de otros países, como México, Argentina y Chile, entre otros. Este era un proceso que en el país era imposible de realizarlo.

Sin embargo, en el 2012, se abrió Amerisis Estudios (amerisis.com.ec). Esta empresa de posproducción ecuatoriana es el único estudio autorizado que ofrece un servicio de colorimetría con las normas internacionales del cine digital, para luego entregar la película en un formato DCP.

Este proceso garantiza que una película nacional pueda ser vista en cualquier cine del mundo, porque cumple con la normativa internacional impuesta por el DCI (Digital Cinema Initiatives), que es un consorcio conformado por siete de los estudios más grandes de Hollywood.

Así, los principales beneficiados serán los productores locales, que no tendrán que salir del país para obtener un producto que antes solo era posible conseguirlo en el exterior. Además, que el costo es más económico que en el resto de países. La relación es simple. En Amerisis se cobra por una jornada de ocho horas lo mismo que en un estudio del exterior se cobra por una hora.

Álvaro Durán es el propietario de esta casa de posproducción. Su objetivo es que "el nivel del cine ecuatoriano se levante y empiece por profesionalizar los procesos", comenta. Durán es un cineasta formado en Londres y adquirió la misma tecnología que usan los estudios más importantes del mundo. Los equipos adquiridos por Amerisis son de marca FilmLight, con la que se han hecho producciones como 'Harry Potter', 'Hugo' u 'Hotel Transilvania', entre otras.

Este cineasta asegura que en el primer año de funcionamiento de Amerisis ha experimentado toda una curva de aprendizaje. "Esto no hay dónde aprender. Yo instalé todo el sistema, diseñé la sala solo. Antes de llegar a la instalación estudié un par de años", asegura Durán .

En total le tomó 15 días armar el estudio que cumple con las normas DCI y con una norma THX que también regula los procesos de proyección . Entre las exigencias están: contar con la distancia entre el colorista y la pantalla y poseer un cuarto oscuro. La pantalla tiene un tipo de tela que es específicamente diseñada para que tenga uniformidad en la proyección a lo largo y a lo ancho. Y a su vez hay una calibración que se le hace a la proyección con instrumentos específicos de medición.

En el primer año de funcionamiento de Amerisis se han realizado nueve largometrajes. La primera película que inauguró este estudio fue 'Mejor no hablar (de ciertas cosas)', de Javier Andrade.

Durán comenta que su rol inicia cuando la película está terminada. "Le damos el 'look' final a la cinta para que se vea como los directores quieren. Es un proceso técnico artístico. La idea es que esto se convierta en una herramienta para darle una capa más de lectura a la obra audiovisual".

Cada película tiene un reto diferente, pero terminar este proceso lleva, en promedio, 20 días.

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