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El músico de Café Tacvba, junto a sus compañeros de banda Meme (del Real), Quique y Joselo (Rangel), visitará Quito el 4 de diciembre y Cuenca el 6.

Rubén Albarrán, desde México, confiesa que los shows en Ecuador “han sido encuentros potentes y energéticos”, como el de la Plaza de Toros en 1997. “Fue un concierto increíble y es el primer recuerdo vívido que tengo. La gente, recuerdo la gente”.

Tras cinco visitas previas, este año regresan con ‘El objeto antes llamado disco’, un trabajo grabado con una suma no convencional de energías. “No es un disco en vivo. Es uno de estudio pero invitamos a amigos para que estuvieran presentes. Les pedimos que guardaran silencio en el momento de realizar cada toma. Esas personas, con sus oídos y ojos, hicieron que interpretáramos diferente nuestra música. Y esa era la idea, que esos sentimientos quedaran grabados”.

Escapar de la zona de confort no es nuevo para ‘Cafeta’. Se reinventan con cada álbum (por no decir con cada canción). “Afortunadamente la música es flexible. No es como un arquitecto que si diseña mal una estructura se le cae el edificio o como un médico que si ‘la riega’ se le queda alguien tirado en el quirófano. La música no tiene tanta importancia, pero (se detiene unos segundos) al mismo tiempo sí la tiene. No vas a matar a nadie. Seguramente tenemos canciones malas pero si no quieres, no las escuchas y ya”.

Lo que sí puede matar, de las iras al menos, son las comparaciones. Los Tacvba fueron en una época los Beatles mexicanos y hoy, según Rolling Stone, serían los Radiohead aztecas.

“Nos hace mucha gracia y (hace una pausa) nos halagan las comparaciones pero usualmente no existe proporciones para comentar el trabajo de dos grupos. No hay mayor validez. Pero sí puedo decir que el rock anglo tiene mucha influencia latina si no que se hacen de la vista gorda. Es como si ellos inventaran cosas y nadie se da cuenta que las tomaron de bandas de acá, solo que no son tan conocidas. Hay música que surge de la música latinoamericana”.

Música y tradición que los Tacvba se especializan en roquear. Esa inquietud fue una respuesta a su procedencia. Rubén y los hermanos Rangel se criaron en Ciudad Satélite, un complejo cercano al D.F.

“Fue un experimento social que tenía una distribución arquitectónica de tipo norteamericano. Sin parques ni plazas. No había un mercado pero se levantó un mall. Carlos Monsiváis (escritor mexicano) decía que en Ciudad Satélite nació la primera generación de estadounidenses nacidos en México. Al final no fue así. Empezamos a descubrir y buscar nuestras raíces”.

Aclara que, de hecho, no fue que buscaran sus raíces, sino que ellas los encontraron. “No hay nada que rescatar. Solo es cuestión de darse cuenta de lo que te rodea. Hay mucha cultura que no ha desaparecido y que estuvo ahí cuando escarbábamos en la colección de discos de nuestros papás”.

Pese a que esa colección, con discos de José Alfredo Jiménez, Chabela Vargas y otras leyendas, pasó de generación a generación, lo de su voz parece ser una casualidad genética.

“¿Cantantes en mi familia? ¡No creo! Puede que sí (risas). No, no los hay. No me considero un gran cantante pero estudié por un tiempo. No me gustó a donde estaba yendo mi voz porque tenía una profesora de ópera y yo no quería cantar eso sino rock. Este rock tercermundista y mestizo. Entonces, siempre he sido muy libre y he seguido a mi corazón. Sabía que quería cantar y que quería tener una banda”.

Y si en un universo paralelo lo de la música no hubiera resultado para Albarrán, “habría sido columnista (risas). Me habría gustado creerme las mentiras que me cuentan (risas). Al final no pienso en eso. No voy a dar un paso atrás ni para tomar vuelo”.

La mayor suerte para Rubén es haber encontrado a sus tres hermanos de la banda. Aunque, también necesitan dejar de verse. “Esos momentos sirven para despejar la mente y regresar a una vida individual. Cuando nos juntamos somos un grupo y actuamos así. Creamos, viajamos y tomamos decisiones en grupo. En esos tiempos libres aprovechamos para absorber experiencias y conocer otros métodos de trabajo. Además, nos ayuda a extrañarnos”.

Al final, el músico confiesa que si hubiera sido mujer le habría gustado ser María Sabina. “No sé si conocen de ella en Ecuador pero fue una chamana que murió a mediados de los 80. Fue una de las últimas grandes de México”. Así, se despide Rubén, no sin antes enviar un abrazo a su público ecuatoriano.

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