El Lego revolucionó a los juguetes
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Alrededor del 75% de las familias occidentales tienen piezas Lego en sus casas; por cada dos personas que hay en el planeta, existe una minifigura humana hecha por esta marca danesa. Y en YouTube hay más de 200 000 videos que protagonizan los legos.
Estos son solo algunos de los datos que pueden encontrarse en las 304 páginas de ‘The Cult of Lego’, publicado hace pocas semanas en Estados Unidos. “¿Para usted el Lego es solo un juguete?, piénselo de nuevo”, puede leerse en la introducción del libro.
La frase no es gratuita. En ‘The Cult of Lego’ no solo se habla de los fanáticos que dedican gran parte de sus días a buscar los mejores modelos de la Guerra de las Galaxias, Superman o Bob Esponja para recrear un mundo paralelo en formato miniatura.
También de cómo hay terapias que utilizan el Lego para tratar a niños con autismo, asperger o ansiedad, y que a través de estas piezas los ayudan a mejorar su interacción social.
O cómo artistas han transformado estos ladrillos plásticos en su material de inspiración. Tal como Nathan Sawaya, quien en su estudio de Nueva York tiene más de 1,5 millones de coloridas piezas de Lego con las que crea figuras humanas de tamaño real, las que ya ha expuesto en museos de Alemania y Australia, entre otros países.
O como el pintor danés Ego Leonard, quien afirma ser, realmente, una gran figura articulada del mundo Lego.
En conversación con el diario El Mercurio de Chile, John Baichtal, coautor del libro y columnista del blog GeekDad, explica el amor que él mismo siente por estas piezas. “Es un juguete, pero uno realmente bueno. El Lego Group trabaja creando piezas tan complejas y creativas, que hacen que sean mejores que otros juguetes, que tarde o temprano terminarán en la basura. En cambio, nadie bota un Lego”.
Según Baichtal, “múltiples generaciones” han sido marcadas por estos juguetes. “La mayoría de quienes han crecido durante y después de los años setenta han sido expuestos a ellos. Hasta cierto punto, su popularidad se ha convertido en parte de la cultura mundial”.
Eso sí, reconoce que si bien los niños actuales, como sus propios hijos, juegan con estas figuras y disfrutan con ellas, es más un culto de generaciones anteriores. “Ahora tienen más cosas con qué distraerse”, dice.
Tan transversal es este juego, que no solo los más ‘geek’ están obsesionados con el tema. Este año, por ejemplo, el economista Michael Cembalest, de JP Morgan, decidió explicar la crisis económica europea con estas figuras. Y claro, su lúdica exposición se convirtió en un hit mundial.
“La razón por la que hay adultos fanáticos es que les gusta compartir sus creaciones: intercambian páginas, datos de técnicas y modelos de los que escucharon hablar en las convenciones de Lego (como la BrickCon)”, confiesa Baichtal.
En Chile ya se creó una red de apoyo entre legoadictos de Viña del Mar, Talca, Concepción y Santiago, quienes se ayudan en la búsqueda de algunas piezas específicas. En total son 46 los miembros y Gonzalo Mancini (37) es uno de ellos.
“Al principio me daba un poco de vergüenza. Mis amigos me decían, qué bonito, ¡pero en el fondo yo sabía que estaba juntando juguetes!”, dice Mancini, quien se reencantó con esta pasión de su infancia hace solo cinco años.
Para Mancini, otro punto a favor del Lego es que le permite compartir en familia durante las tardes o noches.
Más sobre el lego
La marca Lego nació en 1932, en una pequeña fábrica danesa de juguetes. Su nombre viene de la conjunción de las palabras leg godt, que quiere decir en español, jugar bien.
Recién en la década del 50 se fabricaron los famosos bloques de plástico.
Cada segundo, se venden cuatro minifiguras en el mundo, lo que suma un total de 122 millones al año.
Por cada 18 minifiguras masculinas hay una femenina.
Solo 13 personas en todo el mundo ostentan el título de Profesional Certificado de Lego, debido a la calidad de sus trabajos.


