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Para Jinsop el Ecuador fue siempre más que su segunda patria. De hecho, en varias ocasiones, no ocultó públicamente su deseo de morir en este país al que llegó cuando tenía 15 años de edad.

En Ecuador hizo su fama, formó su familia, logró su nacionalización en el gobierno de León Febres Cordero. Y también cumplió su deseo. Murió el domingo en el balneario de Ayangue (Santa Elena) a los 57 años. En la página web http://trabajandodesdecasa.us/jinsop-los-campos-verdes-a-branko-film/, destaca una autodefinición. “Pasé algunas pruebas, no soy ecuatoriano. De ‘agache nací en Seúl, soy producto de la guerra entre EE.UU. y Corea. Mi padre es el norteamericano Fred Odirling y mi madre era Myomghui, coreana. Nunca me sentí de allá, de niño me discriminaban por ser mestizo. En Ecuador encontré una patria”.

Llegó de vacaciones al país en 1970. Su padre, un ingeniero de la NASA, fue a trabajar en Quito.

El compositor y músico guayaquileño Gustavo Pacheco realizó ayer los trámites para el traslado del cuerpo a Guayaquil para las respectivas exequias. El sepelio se realiza hoy a partir de las 17:00.

“Hice varias canciones para Jinsop en sus inicios como Ven chiquilla ven, Rosas y claveles, Volvamos a empezar, Extraño, Hay un motivo por vivir, Silvi, que fue dedicada a su esposa. Lo conocí a los 18 años y no hablaba español. Cuando venía a Guayaquil vivía en mi casa”, recuerda.

Con pesar dice que tres días antes de su muerte conversaron sobre una gira organizada para agosto por EE.UU. “Nos íbamos a presentar Bodega, Silvana y Jinsop en la Noche del Recuerdo”.

Y fue con Silvana, esposa de Pacheco, que Jinsop hizo su última grabación: la canción Volvamos a empezar, hace dos años.

Luis Padilla, compositor que le escribió la letra de Estrellita solitaria, recuerda que le exigía que cantara bien en español en las canciones. “Se aprendía las letras de memoria. Pero Efrén Avilés, productor que lo llevó a grabar en Ifesa, me dijo ‘tranquilo, déjalo que a la gente le gustará ese español mocho’. Y no se equivocó”.

Padilla lo define como un ser humano sencillo, bromista pero también un poco tímido.

Arturo Cisneros, otro intérprete con quien compartió muchas veces escenario, dice que el mejor legado que deja es su música. “Su frase preferida para el público, al abrir un show, era que ‘sin sus aplausos y sin ustedes Jinsop no existiría’. Esa humildad la mantuvo hasta su muerte”.

Jinsop tenía pocos meses viviendo en la península. Según Cisneros, además su promotor, el médico le recomendó residir en la Costa. El aire marino le ayudaba a mejorar su problema de enfisema pulmonar. “Horas antes de morir, a las 03:50, tuve una llamada perdida de él. Me quedaré para siempre con la duda de qué quería hablar conmigo”.

Entre sus últimas presentaciones estuvo una gira, en marzo, por Quito, Guayaquil y Cuenca con Elio Roca, Los Iracundos, Los Terrícolas, Jeanette...

Nostalgia por Jinsop y su voz

Mensajes en Twitter y Facebook fueron la forma para que los fanáticos del cantante Jinsop Ho expresaran la tristeza frente a su deceso el pasado domingo, a las 09:00.  Anécdotas que describían el acento asiático en el habla del cantante y su sentido del humor invadían las redes sociales.

Delfín Quishpe se unió a los fanáticos de la música del recuerdo para expresar su tristeza. Con un “no puede ser” empezó su mensaje de condolencia a la familia de Jinsop y su tristeza por “la pérdida de un talento tan grande”.

Otros colegas del artista coreano prefirieron expresar su nostalgia con su propia voz. Paúl Tamayo, artista y mánager de Paulina Tamayo, se refirió a Jinsop como una de las mejores voces de las baladas a escala mundial. Dice que el romanticismo era parte del estilo de Jinsop, aunque no hablaba “muy bien
español”.

Este recuerdo le trae sonrisas.  El acento asiático que tenía  aún  lo llevaba impregnado en su habla y  hacía reír a los amigos y colegas del cantante, cuenta Tamayo. Ese sentido del humor era una de las características más importantes que los amigos compartían y hasta ahora admiran del intérprete del tema  Campos verdes.

Ese tema fue un éxito del coreano. También lo llevó a la fama.  Sin embargo, La casa del sol naciente ponía a gritar a la gente y a Jorge Yépez, del dúo nacional de los Hermanos Yépez, le causa nostalgia. Él compartió escenario con Jinsop a inicios de los ochenta. A pesar de que fue una sola presentación, Yépez explica que años después se encontró con el baladista en Nueva York “y él me reconoció. Tenía una muy buena memoria, era un hombre agradable”, agrega el hermano menor del dúo de canciones nacionales.

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