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Tras el jardín que creó Dior en la jornada inaugural de la Alta Costura, Chanel se inventó un bosque encantado, que fue escenario de una boda gay, en el segundo día de estos desfiles donde brilló el brasileño Gustavo Lins, quien por primera vez ofreció un traje de novia, que adornó con un velo color turquesa.

Pero fueron los dos trajes de novia de Karl Lagerfeld, director artístico de la casa Chanel, la mayor firma de lujo en el mundo, que dominaron la jornada del martes, por su resuelto apoyo al matrimonio homosexual, una idea que avanza con dificultades en Francia, que se ufana sin embargo de ser un país muy abierto y progresista en otros aspectos.

Lagerfeld cerró su desfile para la próxima primavera y verano con dos vaporosos trajes de novia blancos, insistiendo en su mensaje de apoyo al matrimonio gay al añadir a la pareja de novias un pajecito que llevaba los anillos.

“No comprendo esta discusión en Francia (sobre el matrimonio homosexual) porque desde 1904 la Iglesia y el Estado están separados”, declaró Lagerfeld, en momentos en que el país galo sufre divisiones en torno a este tema, y sobre todo, respecto al derecho de los gays a adoptar.

El modista alemán demostró una vez más que sabe poner en escena una pasarela: tras recrear en pasados desfiles glaciares y fondos marinos iridiscentes, transformó esta vez la gran galería del Grand Palais, techada con una inmensa cúpula de cristal, en un bosque encantado entre el cual emergían las modelos, tocadas con pequeños sombreros de plumas.

Como sabe hacerlo desde ya varias décadas, el diseñador recreó la silueta creada por Coco Chanel, ofreciendo los clásicos trajes de tweeds en una variedad de colores, comenzando con el blanco, que acompañó de leggings blancos o brillantes, y pasando luego al parma, al champán, al azul y al negro.

Entre los más de 60 modelos presentados, propuso vestidos cortos y largos, muchos de ellos impresos con flores, acompañados de mallas, o sandalias.

El brasileño Lins reafirmó en su desfile su estilo depurado y arquitectural, desarrollando los elementos que lo han convertido en el único modista latinoamericano miembro titular de la exclusiva familia de la Alta Costura, cuyos miembros se cuentan con los dedos de las manos.

Vestidos drapeados en tejidos nobles, suntuosos kimonos para la noche, vestimentas masculinas en suaves cachemira mezcladas con femeninas: Lins -que sigue también trabajando con la cerámica de Sèvres, que usó para adornar sus prendas-, demostró las razones por las cuales los clientes asiáticos se vuelcan cada más hacia su firma, que se llama ahora ateliergustavolins.

La pasarela Chanel puso asimismo en evidencia la creciente presencia de acaudaladas compradoras de países emergentes, de Asia y Sudámerica, como Brasil, que había sido señalada por el presidente de Dior, Sidney Toledano, el lunes, tras el desfile de esa casa.

“El año 2012 ha sido un gran año para la Alta Costura. Eso quiere decir nuevos clientes, muchos de América”  (del Norte y del Sur, de Brasil), y de Asia, que se han sumado a los clientes ya existentes", aseguró Toledano, subrayando que la clientela es cada vez "más joven".

Entre estas nuevas jóvenes clientes figura Emily Hwang, de 40 años, que viajó desde Singapur a París para adquirir nuevas prendas para su ropero, y con quien la AFP conversó en varios de los desfiles.

Hwang, que tiene una firma de inversiones, asistió el lunes al desfile de Maurizio Galante, que ofreció vestidos y abrigos fabricados con listones recortados, y de Giambattista Valli, donde pudo admirar trajes decorados profusamente con bordados florales y felinos.

También admiró el lunes por la noche la colección de la casa francesa Alexis Mabille, que transformó a sus modelos en princesas, mientra dijo esperar "con ilusión" las pasarelas de Jean Paul Gaultier y de los jóvenes Christophe Josse y Julien Fournié, a quienes descubrió hace poco, cuando la Federación Francesa de la Costura organizó unos desfiles en Singapur, en noviembre pasado.

El magnífico desfile este martes del modista italiano Giorgio Armani -que atrajo a varias compradoras del Medio Oriente, que se bajaron de grandes limusinas, negras como sus atuendos- se caracterizó por vestidos largos que envolvían y respetaban la línea del cuerpo, entre ellos varios en un espléndidos color rojo fuego.

También propuso vestidos impresos, que dejaban los hombros al descubierto, pantalones y tops con un toque oriental, en tonos oro iridiscente, naranja, negro, así como chaquetas cortas, de corte exquisito.

Una novedad en estos desfiles será la presencia, el miércoles por la noche, del modista venezolano Oscar Carvallo, que ha sido invitado por primera vez a desfilar por la Federación Sindical de la Alta Costura, que organiza estas exigentes pasarelas, que requieren entre otros criterios que las piezas que ofrecen sean únicas y enteramente fabricadas a mano.

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